sábado, 31 de diciembre de 2011

El Fin del Mundo

La última alma humana entró y...
-Pedro ya puedes cerrar la puerta
- ¿Seguro que no queda ninguna alma que salvar?
-No, las hemos revisado todas y no queda ninguna que valga la pena
-¿Cómo ha dejado Él que Lucifer le gane la partida de esa manera?
-Muy fácil: Les dio libre albedrío ¿No? Pues ahora que paguen las consecuencías
-Y ahora qué piensa hacer ¿Otro diluvio?
-No, esta vez es el fin, el fin del mundo

jueves, 29 de diciembre de 2011

El cementerio

Llegamos a Plassans con intención de pasar allí unas semanas, en aquellos tiempos las leyes nos obligaban a acampar en las afueras de los pueblos, luego entrábamos al pueblo a intentar ganarnos la vida, mi madre por ejemplo se dedicaba a leer la mano a los payos,  otros se dedicaban a tocar la guitarra o hacer malabarismos por unas monedas y el fin de semana montábamos un teatro de marionetas.
Las dos primeras semanas sacábamos bastante dinero pero luego la recaudación iba bajando, eso hacía que a las pocas semanas tuviéramos que viajar a otros pueblos.

Esta vez fuimos al Ejido de San Mittre, es una manzana de casas a las afueras de Plassans, fuimos a un descampado que había al final de la calle, unos primos que venían con nosotros lo habían utilizado otras veces, decían que era un buen sitio en medio de aquellas casas y no nos decían nada, estaba libre excepto por unas vigas de madera mal amontonadas que nos servían de leña, bueno las grandes no, pero los payos las cortaban allí a la medida que necesitaban antes de llevárselas  y los retales que dejaban nos servían a nosotros para calentarnos.

Como siempre hicimos un cercado para los caballos en un rincón pegado al callejón sin salida que había al otro lado del descampado y después hicimos un cuadrado con las carretas, usando la carreta como pared colgábamos unas lonas que hacían de tienda improvisada, ahí montábamos nuestro hogar y en el centro hacíamos el fuego que nos servía para calentarnos y para cocinar.
Resultaba curioso vivir al lado de las casas de los payos, verlos salir temprano a trabajar o ver a las mujeres pasar horas limpiando aquellas enormes casas, mi padre siempre se reía de ellos:
-“Los payos se pasan la vida trabajando pa'tener una casa enorme y ropa limpia”
Nosotros en cambio íbamos de pueblo en pueblo con nuestras carretas y con poco esfuerzo teníamos para comer, vestirnos y total, no necesitábamos más, pero yo a veces me preguntaba como sería tener una vida tan organizada como ellos o como seria dormir en una de esas casas hechas de piedra con tejados sólidos que no se movieran cuando hacía aire ni tienen goteras cuando llovía.

Nada más entrar en aquel sitio mi madre dijo tener una sensación extraña, yo también la tuve, como un escalofrío que me entraba por la espalda y me dejada fría por muy abrigada que estuviera, pero supuse que era por las enormes vigas:  Pensar que un día fueron árboles centenarios y los payos los habían cortado y pelado para hacer las vigas de sus  casas.
Por la noche, estábamos todos alrededor de la hoguera esperando que estuviera listo el puchero para cenar, los mayores andaban hablando de sus cosas cuando me sorprendió ver a una niña paya de pie con un camisón blanco, me acerqué hasta ella y le pregunté:
-¿Qué haces aquí?
-Estoy buscando a mis padres
-Pues aquí no están pero si quieres te acompaño a buscarlos
Estuve dando un paseo con la niña esa, Margarita me dijo que se llamaba pero no vimos a sus padres, cuando oí que mi madre me llamaba para cenar me despedí de ella y volví corriendo.
Por la noche oí un ruido y me desperté, me asomé a ver que era y vi que Margarita estaba paseando por en medio de las carretas.
-¿Qué haces? Como te vean te la vas a cargar
-¿Por qué?
-Como te vean paseando por en medio de las carretas
-Pero si esta es mi casa
-¿Ah si? ¿Y donde está tu cama?
-Ahí- dijo señalando la casa de al lado
-Pues vete a dormir que ya es hora
Observé como Margarita se acercaba hasta un rincón del descampado y me pareció que bajaba una escalera.
-¿Con quien hablas?
-Con Margarita, una paya que vive aquí al lado
Mi madre sacó la cabeza por debajo de la lona
-Pues si no hay nadie
-Ya, ya se ha ido
-Pues venga, haz tú lo mismo y no enredes más
-Mama ¿Por qué estás tan rara?
-Hay hija, es que este sitio me da mal fario
-Eso es porque no estamos acostumbrados a dormir tan cerca de los payos
-No te rías pero ese sitio tiene algo raro no me preguntes el qué
Al día siguiente vinieron unos niños a jugar donde las vigas de madera, cuando estaban todos sentados me acerqué a ver si veía a Margarita.
-Hola
-Hola
-¿Y Margarita?
Me miraron extrañados.
-¿Qué Margarita?
-Una chica morena de unos diez años que vive en esa casa, estuve hablando ayer con ella
-En esa casa vivo yo y no tengo ninguna hermana -Respondió uno de los niños
-Pues yo ayer estuve hablando con una niña, me dijo que se llamaba Margarita y que vivía ahí
Todos se me quedaron mirando extrañados como si lo que yo estaba diciendo fuera imposible.
-Yo vivo en esa casa y te puedo garantizar que no tengo ninguna hermana llamada Margarita
Me quedé extrañada, no parecía que estuvieran riéndose de mí, pero entonces ¿De donde era Margarita?
A la noche siguiente estábamos todos sentados alrededor del fuego, ya habíamos cenado cuando mi primo Juan sacó la guitarra, mi padre cantaba por bulería y los demás hacíamos palmas, de esa manera pasábamos el rato mientras se hacía la hora de ir a dormir.

Entonces la vi salir por el mismo sitio por donde había bajado la noche anterior, era evidente que había una escalera que bajaba a la casa donde vivía, me levanté y me acerqué hasta ella, llevaba el mismo camisón que la noche anterior y se dirigía a la calle.
-¿A donde vas?
-A buscar a mis padres
-¿Hoy también llegan tarde? Pues vaya ¿No?
-Si
-Pero mejor sería que los esperaras durmiendo en casa
-Es que...los hecho de menos
-No te preocupes, ves a dormir que ya vendrán
La convencí y aunque triste, se fue a dormir; Cuando volví al corro con mi familia mi madre me preguntó:
-”¿Ande'stabas?”
-En la calle, hablando con una niña
-¿A estas horas?
-Sí, ¿No la has visto?
-No
-Pues ha pasado por delante vuestro, la habéis tenido que ver
-Pues no, no la he visto
Por alguna razón no podía dejar de pensar en eso ¿Cómo era posible que hubiera pasado por delante de sus narices y no la hubiera visto? Sí que estaban entretenidos cantando pero una niña paseando de noche con un camisón blanco debería llamar su atención.
Estaba tan intrigada que al día siguiente pregunté a toda mi familia y ninguno la había visto, yo no entendía nada así que me acerqué hasta el punto donde estaba la entrada de su casa o su sótano o donde carajo viviera dispuesta a descubrir el embrollo.
No descubrí nada, ni puerta, ni nada, todo este asunto me estaba empezando a molestar un poco así que cogí una pala y empecé a cavar pensando descubrir una entrada secreta donde Margarita esperaba a sus padres pero parecía no haber nada.
Ya llevaba un rato cavando, no sé porqué pero no podía parar, estaba demasiado obsesionada o algo me impedía darme por vencida, fue entonces cuando me encontré una piedra que me llamó la atención, hasta el momento las que me había encontrado eran pequeñas, grises y puntiagudas, en cambio esta era muy grande, blanca y completamente redonda, le metí la punta de la pala por debajo e hice palanca para sacarla, fue entonces se giró y yo me caí de culo del susto, la piedra rodó un poco y se quedó del revés: Era un cráneo y los huecos de los ojos parecían que mirarme.

Supe que era Margarita, no por su tamaño, que también, lo supe cuando aquella calavera me miró a los ojos, fui corriendo a buscar a mi padre que avisó al alguacil, el hombre se reía de nosotros pero vinieron y desenterraron el esqueleto de un niño.

-Es que, hace muchos años esto fue un cementerio, lo excavaron todo buscando restos humanos y los trasladaron a una fosa en el nuevo cementerio pero este niño o niña se debió quedar, pero no os preocupéis sólo Dios sabe cuantos años llevará enterrado, esta tarde lo llevaremos al nuevo cementerio.
A pesar de eso ninguno de nosotros quiso quedarse, no podíamos entender como ese terreno había sido un cementerio y  nadie nos hubiera advertido. Ese mismo día nos trasladamos a fuera del Ejido de San Mitre para estar como siempre, alejados de los payos.
Por la noche mientras dormía soñé que estaba en una casa de payos, había una alfombra en el suelo y hacía calor, de hecho todo era cálido, la madera de la paredes, el color del techo incluso la luz que daban las lamparas de petroleo.

Me acerqué hasta una chimenea que había  encendida y delante del fuego sentados en un sofá una niña se abrazaba a sus padres, yo me quedé de pie delante del fuego mientras ellos se abrazaban y se daban besos como si llevaran meses sin verse.

La niña se giró al verme, era Margarita, se le levantó del sofá y se me acercó un momento a decirme:
-Gracias por ayudarme a encontrar a mis padres
Y luego se volvió con ellos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La casa de la bruja

“Toc, toc”
-¿Hay alguien?
Llamé otra vez pero nadie contestó, me tendría que esperar y pensaba: “¡Mecachis! Por culpa de ese estúpido de Jorge voy a llegar tarde y mi madre se enfadará conmigo, ya verás mañana cuando lo vea en clase se va a enterar, esta vez se ha pasado con la broma”.
“Toc, toc”
-¡Buenas! ¿Hay alguien?
Me estaba poniendo nerviosa, el corazón se me estaba acelerando, se me hacía tarde y sabia que mi madre me regañaría, siempre se preocupaba en exceso en cuanto me demoraba un poco pero por nada del mundo me quería ir sin mi muñeca y seguía esperando en la puerta mientras pensaba en Jorge y como se lo haría pagar mañana.
Me acerqué entonces hasta la ventana por donde Jorge había lanzado mi muñeca dentro de aquella casa, en cuanto me asomé me sorprendieron la multitud de olores que salían de aquella casa, sobretodo de hierbas: Tomillo, manzanilla y menta eran las que yo reconocía, también a carne seca ya que unos embutidos de extrañas formas colgaban dentro de casa, miré el interior alucinada y era increíble, desde luego eran verdad los rumores: la mujer que vivía en esa casa era una bruja. No se veía un hueco en la pared sin estantería, no había un palmo de estantería vacío, cerca de la ventana había un bote bastante grande con un dedo de agua y tres ranas que no paraban de croar provocando así un ruido de fondo constante.
Pensé que podrían ser tres princesas que la bruja las había transformado en ranas, en los cuentos siempre pasaba eso y aunque yo no era ninguna princesa no quería acabar siendo otra rana más. No muy lejos de ahí, en una jaula habían cuatro ratoncillos blancos intentando esconderse los cuatro dentro de una caja de cerillas que tenían como único mobiliario.
En la estantería de arriba habían colgados dos pellejos de serpiente además de multitud de cosas que yo no era capaz de adivinar qué eran aunque los recorría con la mirada uno a uno intentando averiguar que eran pero no los había visto en mi vida.
Entonces oí un ruido que venía de otra habitación y pensé que podía ser aquella mujer que estaba durmiendo la siesta y se despertaba por fin, me sentí un poco aliviada, si me daba la muñeca rápido no llegaría demasiado tarde a casa.
-Hola ¿Qué hay alguien?
Un gato negro precioso fue el único que vino a contestarme.
-Miiiaaaau
Nunca sabré si me quiso decir que no o que su dueña no tardaría en volver pero me pareció un maullido de lo más expresivo, se me quedó mirando unos instantes en silencio como esperando una respuesta y luego se fue a oler mi muñeca que había caído en el suelo, me sorprendió que con tantas cosas que había en aquella casa le diera por oler mi muñeca, pensé perpleja: ¿A qué olerá? Supongo que ya se conocía todos los demás olores o quizás quería comprobar si era mía.
Me decidí a dar un salto, entrar y cogerla, estaba muy nerviosa puesto que me daba mucho miedo pero si lo hacía rápido nadie me vería y podría salir pitando de aquella casa pero cuando me subí al alfeizar de la ventana el corazón parecía que el gato me bufó como amenazándome y se fue corriendo con mi muñeca en la boca.
Yo me quedé ahí sentada indecisa, pensativa ¿Qué hacer? No podía entrar y perseguir al gato por toda la casa, observé entonces a los ratones que no habían perdido detalle de los movimientos del minino y ahora me miraban como felicitándome por haber conseguido que marchara.
-¿Se puede saber que haces en mi ventana?
Pegué un bote y el corazón casi se me sale por la boca, me giré y me estaba mirando una señora no muy mayor, debía tener unos treinta años morena de ojos negros con una nariz alargada pero dentro de lo normal no la típica nariz picuda que les dibujan a las brujas, los labios eran finos y los tenía muy apretados, llevaba un vestido también negro, un pañuelo en la cabeza y un delantal amarillo de rayas bastante manchado de hierba verde que hacia contraste con el vestido, llevaba un montón de romero recién cortado en un cesto, lo supe por qué olía mucho y se mezclaba con el olor a sudor que desprendía, estaba firme delate mío con los brazos en jarra y cara de pocos amigos.
-Perdón señora pero unos chicos me tiraron mi muñeca dentro de su casa
-Y ¿Por qué?
-Se estaban riendo de Manuel porque no anda bien y yo salí a defenderlo, entonces la tomaron conmigo, me quitaron mi muñeca y la tiraron lejos, con tan mala suerte que se coló por su ventana
Cuando oyó eso tomó aire, cerró los ojos un momento y dio un suspiro fuerte, después suavizó un poco el ceño fruncido.
-Esta bien, pero será mejor que entremos por la puerta ¿No te parece?
-Sí, sí, claro, lo siento señora pero es que le tengo mucho cariño a mi muñeca, es de trapo con ojos de botones, me la hizo mi madre cuando yo era pequeña y no sabría dormir sin ella
-Y ¿Dices que se coló por la ventana o la tiró a propósito?
-Fue pura casualidad
Entonces se giró muy seria y dijo:
-Las casualidades no existen
Yo me quedé petrificada, si me hubiera hechizado con la mirada no me habría quedado más quieta, mientras ella me mirada de arriba a abajo muy fijamente, yo notaba como su mirada traspasaba mi ropa, sentía que podía verme desnuda y que no se quedaba ahí, taspasaba también mi piel y observaba mi interior como buscando una respuesta, buscaba algo concreto, no tengo ni idea de qué era pero debió encontrarlo porque de repente el gesto de su cara cambió y se volvió más amable.
-¿Has visto donde ha caído?
-Sí, pero...
-Pero ¿Qué?
-El gato la cogió y se la llevó, lo juro
Esperaba que se quedara sorprendida incluso que dudara de mi versión, una niña extraña que afirma que su gato se llevó una muñeca, hasta a mí me costaba creerlo pero ni se inmutó, entramos y estaba muy oscuro, yo estaba paralizada y me daba miedo hasta respirar, no me atreví a moverme hasta que encendió una vela que no alumbraba gran cosa pero suficiente para divisar el pasillo por el que tenia que ir hasta el comedor.
No sé porqué no quiso abrir más ventanas para que entrara luz, quizás porque estaba atardeciendo y el sol se apagaba por momentos pero podría haber encendido las lámparas de petróleo que hubieran dado mucha más luz que la triste vela, puede que para no perder tiempo o quizás porque no quería que yo me fijara mucho en el contenido de la casa y todas las cosas raras que en ella habían, esta era una manera de que yo viera lo justo.
-Sobretodo no toques nada
No hacía falta que me lo dijera ella, yo estaba muy asustada me daba miedo hasta respirar y el corazón me iba a 200 por minuto, esa penumbra en un sitio extraño, saberme envuelta de tantas cosas raras me daba un miedo horrible y sobretodo los olores me abrumaban, a pesar de estar la ventana abierta olía a cerrado, los animales que allí habían aportaban un tono nauseabundo al olor de las hierbas y hacían un cóctel muy fuerte que te envolvía como un manto invisible.
-¡Gargamel!
Al momento apareció el gato y contestó con un “¿miau?” que parecía querer decir “¿Qué quieres?”
-¿Tú te has llevado la muñeca de esta chica?
-Mooou
-¿Cómo que no? ¡No me engañes! ¡Eh!
-Miaaaaau
-Venga va, no repliques y tráeme la muñeca
Yo observé incrédula toda la conversación por qué había sido eso: Una conversación en la que hasta yo había podido darme cuenta de lo que contestaba el gato simplemente con la entonación de los maullidos.
-¿Es un gato de verdad?
-¡Claro! ¿Qué te pensabas?
-Nunca había visto un gato contestar así
-Bueno es que Gargamel en muy contestón
Mientras volvía el gato sacó un tarro con unos polvos y le pasó la mano por encima.
-Mira esto es polen de mandrágora y las personas que poseemos magia lo atraemos como un imán
Efectivamente la mano se le quedó impregnada de polen sin haberlo tocado, acto seguido me hizo pasar a mí la mano por encima y prácticamente todo el polen se pegó a mi mano produciéndome una extraña sensación, yo intenté despegarlo con la otra mano pero se pegaba de una a otra, sentí pánico y me puse a chillar, entonces ella me agarró y con un trapo me limpió las manos.
-Tranquila, no pasa nada, no te asustes
-¿Qué ha pasado? ¿Qué significa eso?
-Significa que tú también tienes magia dentro, y mucha
-O sea, ¿Qué soy una bruja?
Entonces se rió y dijo:
-Nadie nace bruja, quiere decir que podrías ser una bruja y muy buena
En cuanto el gato me hubo devuelto la muñeca salí corriendo casi sin despedirme de aquella casa tan extraña aunque me dijo que podía volver cuando quisiera no pensaba volver a acercarme.
Cuando llegaba a casa estaba oscureciendo por momentos, mi madre había salido a buscarme camino abajo, andaba cubierta con una capa, alumbrándose con un farol y llamándome a gritos, parecía un alma en pena que vagaba por el bosque preguntado por su hija cuando la vi me hizo mucha gracia,y no pude parar de reírme.
Eso hizo que se enfadara todavía más conmigo:
-Encima te ríes ¿Te parece divertido llegar tan tarde?
-No mamá, lo siento pero unos niños me entretuvieron
-Venga vamos, las explicaciones en casa

martes, 6 de diciembre de 2011

Caroline


-Esta bien, toda tu vida he rezado a los dioses para que no llegara este momento pero tienes razón, es verdad lo que te han dicho: Tu madre se llamaba Caroline y era mi hija por lo que yo en realidad soy tu abuela, ciertamente os parecéis mucho. Ella también era rubia de ojos azules con tu misma nariz chata y tu sonrisa picarona, diría que eres su vivo retrato. A tu madre igual que a ti le encantaba la magia desde pequeñita solo que a ella nunca se lo prohibí porque entonces pensaba que no había nada malo en ello, incluso cuando se convirtió en bruja yo me alegré; recogía hierbas para preparar medicinas que curaran la gripe o el dolor de estomago de algún vecino, eso hacía que me sintiera orgullosa de ella.
-Pero todo cambió cuando conoció a Philip, era un chico alto, de pelo castaño y mirada tierna, era un mago que vino al pueblo a ayudarnos con un dragón que se comía nuestras ovejas y también algún pastor, tu madre se enamoró locamente de él. Todavía recuerdo como le brillaban las pupilas cuando lo miraba, pronto fueron novios, él era un chico muy atento siempre la complacía en todo y nos ayudaba a nosotros en las cosas del huerto y los animales, un día vino a casa con un anillo y le pidió la mano de Caroline a tu padre, perdón a tu abuelo que por supuesto aceptó, no se imaginaba que otro pudiera hacerla más feliz.
-Ya tenían puesta la fecha de la boda y todo cuando un día discutieron no me preguntes porqué, tu madre nunca me lo quiso explicar, pero la cuestión es que se pelearon entonces él la quemó y se marchó para siempre, desde entonces su corazón no llego a superar su perdida. Creo que nunca más la vi sonreír, bueno puede que sí pero una sonrisa fría muy diferente, nada que ver con la sonrisa de felicidad que tenia cuando estaba a su lado, su alma se volvió fría y rencorosa
-Y eso no fue lo peor, esta mal que lo diga yo que soy su madre pero Caroline era la chica más guapa del pueblo hasta que Philip le desfiguró la cara, ella trabajaba de camarera en la taberna, le encantaba trabajar allí porque trataba con los vecinos y amigos. Pero en cuanto el dueño la vió llegar con su nuevo aspecto la despidió, le dijo que sentía mucho lo que le había pasado pero que él tenia que mirar por su negocio y así le espantaría a la clientela. Ella no pudo soportar esa injusticia y le hizo un hechizo para que la volviera a contratar, ahí fue donde traspasó la barrera que no debe pasar nunca una bruja, al principio sólo quería volver a trabajar en la taberna pero luego la tentación era muy fuerte y poco a poco empezó a aprovecharse de él, se iba del trabajo cuando quería y hacía lo que le daba la gana así empezó a volverse mala
-Pero el dueño tenía razón: Su aspecto incomodaba a los clientes, aunque no le decían nada, no soportaba como la miraban, a ella siempre le había gustado hacer bromas y charlar con la gente y ahora no podía aguantar el rechazo educado a que la sometían y hechizó también a los clientes de la taberna ¡Sólo quería que todos volviera a ser como antes! Pero una bruja nunca debe aprovecharse de sus amigos
-Yo le decía eso una y otra vez, que no estaba bien lo que hacia, que los dejara libres del hechizo pero no me hacia caso, hasta que un día me dijo: “Al final tendré que hacerte lo mismo para que me dejes en paz” entonces la miré a los ojos, estaba muy seria, yo buscaba si quedaba algo de aquella hija buena e inocente que yo había criado pero vi en sus ojos que no quedaba nada y que tenia delante una bruja mezquina muy capaz de hacernos lo mismo y esa misma noche cogímos las cuatro cosas que pudimos cargar y huimos contigo, tu madre se había vuelto perversa y yo no quería que te criara un monstruo y ella lo era más por dentro que por fuera.
-Sé lo que estás pensando, lo veo en tu mirada, supongo que le sentaría muy mal nuestra marcha pero no me importa, aunque no te lo creas yo también sé algo de brujería e hice un hechizo para que no pudiera encontrarnos y para que no supieras nunca de su existencia te criamos como si fueras nuestra hija, pensé que así tenia una segunda oportunidad para corregir los errores que cometí con tu madre, pensé que si conseguía hacer que tú pasaras de la magia y fueras una buena chica, rectificaría el error que cometí con tu madre
-Por eso te he prohibido siempre que veas a aquella bruja y que tengas nada que ver con hechizos y conjuros, toda la vida he intentado hacer lo posible por alejarte de la magia, quería que fueras una niña normal con una vida normal, quería que fueras todo lo que tu madre no pudo ser
-Y sí, a veces me pregunto que habrá sido de ella pero prefiero no saberlo porque me imagino que nada bueno, a las brujas malas como ella las queman en la hoguera ¿sabes? Aunque seguramente ella se libró, prueba de ello es que se te aparezca en sueños pidiéndote ayuda
-Seguramente la pillarían y ahora debe estar pudriéndose en alguna mazmorra o seguramente probando su propia medicina bajo sabe dios que hechizo, pero no se te ocurra ir a ayudarla sólo te creará problemas y todo lo que le ha podido pasar se lo ha buscado, debes ignorar esos sueños.

domingo, 27 de noviembre de 2011

El heavy de las botas camperas


Recuerdo que una vez de niño iba con mi amigo Pedro, era mi vecino y mi compañero de travesuras, era un poco más alto que yo, moreno de ojos marrones y gesto de niño malo aunque supongo que yo también, entonces debíamos de tener unos 9 o 10 años, éramos de la misma edad, bueno él era un mes mayor que yo.

Aquel día fuimos hasta una casa abandonada, en realidad era un chalet hecho de ladrillo de nuestra urbanización donde no vivía nadie, podía estar descuidado, necesitar una mano de pintura o una buena limpieza en el jardín pero no era la típica casa abandonada con puertas y ventanas rotas.

La casa estaba bien cerrada con puertas, rejas en las ventanas, pero separado de la casa, pegado a la valla exterior, había un pequeño garaje con entrada desde la calle sin duda para aparcar el coche, carecía de rejas en las ventanas, quizás porque no guardaban cosas de valor, quizás porque las ventanas eran pequeñas, las típicas correderas alargadas que se ponen en los garajes pegadas al techo para que entre luz pero que no tienen altura suficiente para poder ver a través de ellas ni mucho menos para entrar un ladrón aunque sí dos niños pequeños.

Nos colamos como lagartijas y vimos que dentro estaba lleno de herramientas de la construcción: palas, rastrillos, puntales, etc. Un adulto pensaría que se trataba de chatarra inútil guardada por algún paleta esperando el día que le hicieran falta, pero nosotros habíamos encontrado el tesoro de Alí Babá.

Los mangos eran espadas, los taladros pistolas y las paletas… Ahora ya no me acuerdo lo que eran, estábamos jugando con nuestro tesoro cuando oímos un ruido “tic, toc”, sin duda alguna eran golpes en el tejado de uralita, esos golpes sólo podían ser producidos por alguien andando por encima.

Y no podían ser producidos por nuestras zapatillas deportivas, para hacer ese ruido tenían que ser un calzado de suela dura como unas botas camperas ¿Quién podía llevar ese calzado?

En mi barrio sólo una clase de gente llevaban esas botas: Los heavys, rápidamente imaginamos un chaval joven de pelo largo con tejanos elásticos, camiseta de Iron Maiden y chaqueta de cuero, debía ser alto por el tipo de sonido, en resumen un tipo duro capaz de dar una paliza a esos dos niños que se habían colado en su almacén.

Claro que una señora con zapatos de tacón incapaz de correr detrás nuestro también podía haber hecho un ruido parecido o un anciano que llevara unos zapatos de claque, en cambio un pirata con pata de palo no, entonces no se oiría “tic, toc” sino un “toc” solamente.

Pero no nos imaginábamos a una señora rubia teñida con zapatos de tacón, minifalda, blusa con escote y labios pintados subida al tejado de un garaje ni a un hombre mayor con zapatos de claque vestido como Frank Sinatra y dispuesto a bailar “Cantando bajo la lluvia” sobre la uralita, nosotros veíamos a un heavy con botas camperas y mala leche.

Nos escondimos debajo de una hormigonera esperando que el tipo asomara por la ventana o abriera la puerta y entrara pero no, ni siquiera dijo algo como: “Al ladrón, al ladrón” o “¿Quien anda ahí?”

No dijo nada, se limitaba a dar vueltas por la uralita de un lado a otro, una veces más rápido, otras veces más despacio pero siempre daba dos pasos que sonaban “tic, toc”.

Permanecimos bastante rato agazapados debajo de aquella hormigonera inmóviles y completamente callados hasta que sin saber porqué, paró y nos quedamos en silencio, un silencio absoluto casi tangible, era posible que se hubiera escondido y nos estuviera esperando a la salida pero tampoco podíamos quedarnos escondidos todo el día, por otro lado también cabía la posibilidad que hubiera ido a buscar las llaves del garaje para entrar y pillarnos, entonces era el momento de intentar escapar sin ser vistos.

Fuimos hasta la ventana sin hacer ruido, nos asomamos y no se veía a nadie, salimos temerosos de estar cayendo en una trampa pero nadie salió de detrás de ningún árbol, no se veía ni un alma.

Estábamos a punto de marcharnos cuando volvimos a oír el “tic, toc”, por el lado donde nosotros salimos, el terreno estaba como un metro más alto que el suelo del garaje lo que nos permitía observar perfectamente toda la superficie de uralita del tejado y ningún heavy cabreado ni nadie caminaba por encima.

Recordé que en el interior había una moto de campo vieja, era posible que un motorista hubiera muerto con ella y el fantasma paseara por el tejado con sus botas de motero buscando la moto que lo mandó al otro barrio, parecía imposible pero alguien golpeaba la uralita y nosotros no veíamos quien.

Seguimos el sonido y por fin encontramos la causa, el voladizo de uralita tenia un roto, un pequeño bocado en la línea del tejado casi perfecta, pequeño no más grande que un puño, seguramente una pedrada o quizás un descuido del paleta que colocó la uralita del tejado, no tenia ninguna importancia pues estaba fuera de la pared del garaje como para provocar una gotera.

Pero el garaje lo rodeaban una hilera de cipreses que chocaban con el voladizo, un error sin duda de un jardinero amateur que los plantó demasiado cerca porque no pensó que algún día crecerían y superarían con creces la altura del tejado.

Uno de ellos había quedado atrapado en el roto, cuando hacía viento, el aire empujaba los cipreses y éste chocaba contra un lado de roto “tic”, en cuanto cesaba la ráfaga volvía a su sitio produciendo otro golpe “toc”.

Miramos durante un rato el ciprés incapaces de creer que ese fuera el heavy que nos iba a dar una paliza, tanto susto, tanto miedo, tanto rato escondidos y era un simple árbol chocando contra la uralita, nadie más apareció, ni heavy cabreado, ni señora con zapatos de tacón ni el hombre vestido de Frank Sinatra, estábamos completamente solos.

Nos fijamos entonces en el árbol, había perdido la corteza y la uralita lo seguía cortando lentamente, golpe a golpe, prueba inequívoca de que llevaba mucho tiempo ahí sufriendo.

Decidimos ayudarlo a pesar del mal rato que nos había hecho pasar, lo sacamos del hueco y lo desplazamos un poco para que otro golpe de aire no lo volviera a meter en el roto.

Ahora después de tantos años, pienso que es posible que el ciprés nos mandara un grito de auxilio como pudo cuando vio a los únicos que podían salvarlo de la trampa mortal en la que se encontraba.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Las gemelas


Por fin quietas, se quedaron mirando atónitas a su abuelo, nunca hasta ese momento les había gritado, ni siquiera el día que rompieron el cristal de la ventana, pero esta vez estaba enfadado de verdad.

Y es que, el abuelo les había consentido todo ese par de gemelas traviesas, pensaba él que de esa manera suplía la falta de amor paterno pero hacía tiempo que se había dado cuenta de su error.
Ellas seguían inmoviles, no comprendían porque estaba enfadado  y tímidamente dijeron:

-Abuelo, decías que dentro del jarrón estaba el papa, pero sólo hay cenizas

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sueño del trabajo

 
El otro día sonó el despertador y me levanté de la cama para ir a trabajar, me preparé el café como siempre pero en lugar de azúcar le puse aspirina molida que alguien me recomendó era mucho mejor para el colesterol.

Para llegar a donde tenia el coche aparcado tuve que pasar por un puente colgante de cuerdas muy viejo, algunas tablas estaban rotas y había que saltarlas, otras estaban a punto, las oías crujir cuando las pisabas y se te encogía el estomago, te agarrabas a la cuerda que hace de barandilla, para no ser tú quien se fuera abajo.

Abajo corría un pequeño arroyo aunque no con suficiente agua para parar el golpe de una posible caída y habían muchas piedras puntiagudas a los lados.

Con la maquina estaba trabajando en un sitio extraño, debía ser una especie de zoo porque paseaban toda clase de animales por alrededor de mi maquina, un buitre carroñero se posó sobre la cabina y se me quedó mirando, yo me asusté y cerré la puerta aunque eso significaba pasar calor, porque ese día por alguna extraña razón no llevaba mi maquina con aire acondicionado, llevaba la antigua Guria 521 de mi padre.

Si no sabéis que es, os diré que era como el Seat 127 de las excavadoras, un hierro viejo, duro y lento que desaparecieron hace ya años, vamos lo que en el gremio llamamos: Un zarrio.

Al rato viene una chica a avisarme que es la hora de comer, nunca había trabajado con ella pero la recuerdo de ir juntos al colegio, se llama Sonia y en séptimo me gustaba aunque no he vuelto a saber de ella.

Entramos en un bar a comer y nos atiende una camarera muy simpática, la recuerdo aunque ahora mismo no pueda decir de que, nos sentamos y charlamos.

Mientras comemos, viene la camarera a traernos el segundo y me lanza una sonrisa, yo siento que me ruborizo porque, aunque nadie le haya dado la menor importancia, estoy desnudo y me da mucha vergüenza estar comiendo en un sitio público, con una vieja amiga completamente desnudo.

Pero no me preocupa demasiado porque hace ya rato que me he dado cuenta que estoy soñando así que abro los ojos y miro la hora del despertador: ¡Las siete y media!
Otra vez ha sonado el despertador y no lo he oído ¿O sí?

martes, 22 de noviembre de 2011

La chica de la curva

 Empezando con mi curso, este es el primer microrrelato que he enviado:

 

Iba paseando por el camino de baldosas amarillas como me habían dicho, tenia sed y pensé que seria bueno encontrar un quiosco donde comprar un helado, al rato vi un pequeño quiosco entre dos árboles, era pequeño pero se veía que tenía de todo: Revistas, un congelador de helados, pero lo que más tenía eran paraguas.

Dentro había un vendedor gordo, tanto que me pregunté si podía salir del quiosco por las noches o hacía años que estaba ahí atorado, me dirigí hacia él.

-Buenas ¿Tienes helados?
-¿Helados? ¿No prefieres un paraguas?
-No, me apetece un helado
-Piensa que siempre llueve al cruzar la montaña

Miré al cielo y no se divisaba ni una nube, es más yo tenía calor

-No quiero un paraguas, los odio ¿Sabes que puedes sacar un ojo a alguien con ese artefacto?
-Esta bien ¿De qué quieres el helado?
-De fresa estaría

En esas llegó la vendedora de cupones, una chica delgada, de pelo castaño, bastante guapa si no fuera por aquellas gafas de gruesos cristales.

-Hola ¿Quieres un cupón? Tengo el trece, el que a ti te gusta
-Vale, dame dos
-¿Qué, comprando un paraguas?
-No, me he cogido un helado

Se me quedó mirando extrañada y yo continué mi camino devorando el helado de fresa antes que se me derritiese, al cruzar la montaña se puso a llover.

No paró de llover hasta pasar la montaña, seguí caminando, pensé que seria bueno tener compañía, me imaginé paseando al lado de una bella chica alta, rubia, de ojos azules y, ya puestos a pedir, de pechos grandes.

Iba yo envuelto en mis pensamientos cuando, al doblar la curva me la encontré, estaba sentada en una piedra, llevaba una falda por encima de las rodillas un poco rota, una camiseta de tirantes manchada de sangre y no llevaba zapatos, iba descalza, eso sí era rubia, tenia ojos azules… Sin duda era ella.

-Hola
-Hola ¿A dónde vas?
-Hacia allí
-¡Que casualidad! Yo también, podemos ir juntos

Yo, estaba muy sorprendido ¿Qué casualidad? ¿Cómo era posible? Le pregunté.

-Oye ¿Tú sabes donde estamos?
-Claro, estamos aquí
-Ya, pero ¿Donde?
-Pues aquí

Viendo que no me lo creía me señaló un mapa y me dijo:
-Si no te lo crees míralo en el mapa

Me acerqué al mapa con la ilusión que me aclarara donde estaba y ella me señaló al punto donde estábamos según el mapa, había una cruz y al lado ponía: “Usted se encuentra aquí”

-Lo ves, ya te lo dije, estamos aquí

Me mordí la lengua y seguí revisando el mapa, parecía una isla, donde sólo había el camino de baldosas amarillas, que salía y acababa en el mismo punto “Allí” y nosotros estábamos en el punto opuesto, antes había una montaña dibujada llamada “Montaña donde siempre llueve” ¿Por qué se llamaría así? Y entre medias una curva llamada “la curva de la chica”

-¿Tú eres la chica de la curva?
-Sí, claro
-Y estás muerta
-¿Qué diferencia hay?

Me quedé perplejo pero no supe contestar, hacía rato que no entendía nada como para definir “estar vivo” y “estar muerto”.

-¿Y por qué te llaman así?
-Pues muy fácil, porque vivo en una curva
-¿Y para que vas hacia allí?
-Para acompañarte ¿No era lo que querías?

Claro, pero ¿Cómo podía saberlo ella? Aquí nada tenia lógica, pensé que quizás era un sueño, pero en los sueños nunca pasa lo que yo deseo, pero tampoco podía ser la realidad.

Me esforcé por recordar si me había quedado dormido, y me acordé que antes de aparecer aquí estaba escribiendo un microrrelato, éste microrrelato, entonces supe qué tenia que hacer, no tenia lógica pero dije:

-“Fin”

sábado, 19 de noviembre de 2011

Empiezo en la escuela de escritores

Sé que tengo este blog un poco olvidado pero he empezado un curso y ahora tendré que dedicar más tiempo a este hobby mio que escribir, y como siempre iré publicando todas mis cosas aquí en mi pequeño cuarto abierto al mundo.


Hola, me llamo Ave Fénix  y supongo que soy el ultimo en apuntarme a esta clase, intentaré ponerme al día lo antes posible,  trabajo en la construcción, llevo un maquina excavadora me encantaba mi trabajo pero ahora la cosa está fatal.

No suelo recordar los sueños a veces se te quedan en la mente al despertarte, cuando eso pasa procuro rememorarlos pues dicen que eso hace que los podamos recordar en el futuro.

Mis sueños suelen ser mundanos, escenas de mi vida cotidiana con algún elemento impensable por no decir imposible que hace que en ocasiones me dé cuenta que estoy soñando, como un cocodrilo tumbado en el sofá de casa o un barranco por el que hay que pasar cada mañana antes de coger el coche y sobretodo, que voy vestido con la ropa con la que me acosté y como estáis pensando no suelo usar pijama en verano.

Acostumbro a comer de todo, pero me gustan las comidas fuertes, bien especiadas incluso picantes, cuantas más cosas lleve un cocido o una sopa, mejor.

Ahora mismo estoy leyendo “50 miradas de España” de Luis del Val, me encanta como describe a cada persona, reconozco que no suelo leer grandes obras, más bien de lectura ligera,  novelas de aventuras (por ejemplo. Julia Navarro, Matilde Asensi) en las que el protagonista va desenmarañando el misterio, que en esta vida hay muchos misterios sin resolver, de pequeño me encantaban los cinco.

Tengo dos hijos (la parejita) y estoy separado desde hace unos años aunque ahora vivo con otra chica aunque siempre digo que no volveré a casarme, que el matrimonio mata el amor.

El gusanito de escribir historias me vino por casualidad hará cosa de tres años, gracias a una broma con una amiga empecé una historia inventada pero que pretendía ser yo, bueno mejor dicho pretendía ser un alter ego mío.

Ahí empecé a inventar una historia que, como si se tratara de un ovillo de lana se fue desenrollando sola hasta quedar una historia divertida, entonces recordé que no fue la primera, que de niño escribí algunas cosas, pero después cayeron en el olvido junto con el instituto.

Desde entonces escribo cuando el tiempo me lo permite y me encanta.

Reconozco que me siento un poco fuera de lugar, aquí la mayoría llevan varios cursos, muchos son profesores,  me pregunto ¿qué hago aquí jugando a escribir? Aunque veo que no soy el único que llega a casa con su trabajo impregnado en la ropa.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Historia de Phoenix LV


Una vez en la cima, los fui cogiendo de uno en uno y llevándomelos hasta unos kilómetros más al norte, suficiente para que les fuera imposible seguir el rastro, de paso también avanzamos bastante aunque eso no me preocupaba, lo importante no eran los metros que avanzábamos cada día ni los días que estuviéramos de marcha, a fin de cuentas los dragones se lo pasaban mejor paseando que encerrados en la cueva todo el día, lo importante era llegar a un sitio donde los dragones pudieran vivir en paz. 

Después del paseo decidimos hacer noche allí, estábamos en un bosque y nos situamos en un pequeño claro donde nos enroscamos todos juntos.

A la mañana siguiente:

-Tío Phoenix, ¿Hoy nos llevaras volando otra vez? -me preguntó uno de los dragones
-No, hoy ya no hace falta
-Joooo, pero nos ha gustado mucho volar
-No os preocupéis, pronto podréis hacerlo vosotros mismos
-Cuando haya aprendido me pienso pasar el día volando – Contestó emocionado
-Y tío Phoenix ¿Cuando nos vas a enseñar a cazar? - Me preguntó otro
-¿Yo?
-Entonces ¿Quien no enseñara? ¿Yanira?
-No, no, yo no se cazar, os tendrá que enseñar Phoenix – replicó ella

 Ostras, no lo había pensado pero estos cachorros eran huérfanos y el único que podía enseñarles era yo, no me lo había planteado pero cuidarlos no sólo era alimentarlos hasta que crecieran, también tenia la obligación de enseñarles a cazar, a esconderse de los hombres, a defenderse y en definitiva a educarlos para ser dragones.

-Bueno chicos, voy a dar un paseo para ver hacia donde vamos a ir hoy

Estuve volando un poco más, con la esperanza de encontrarme algún dragón por casualidad aunque si me lo hubiera encontrado: “Hola ¿Que tal? Mira tengo cinco cachorros cuídalos bien y enséñales todo lo que sabes” Complicado ¿Verdad?

Con esos pensamientos llegué a un valle bastante escondido donde se veían multitud de lobos, jabalíes, ciervos, incluso osos, el oso es un animal fuerte y se defiende pero poco tiene que hacer contra un dragón, entonces me di cuenta de lo que dijo el duende: “ningún animal tendrá la más mínima oportunidad” la verdad es que no le faltaba su parte de razón.

Cacé un ciervo y volví con la manada, comimos y después les dije:

-Bien ahora es hora de que empezaremos  a moveros por el campo tenéis que acostumbraros a hacerlo sin hacer ruido o huirán las presas

Así pasamos la tarde, intentando un imposible, que cinco cachorros se movieran sigilosamente,  tampoco no es que importara mucho ya que los dragones normalmente cazan volando como lo hacemos las aves, resulta mucho más cómodo atacar cuando no te ven, aunque a estos era difícil no verlos.

Aunque el día no fue un fracaso, ya que encontramos un cueva donde escondernos, aunque estaba a pie de campo y a mí me iban más las que son inaccesibles a píe, pero mientras los dragones no aprendieran a volar era la mejor opción.

sábado, 29 de octubre de 2011

Historia de Phoenix LIV


Por suerte mientras volvía observé un jabalí paseando, una víctima perfecta que pronto nos serviría para comer.

Cuando llegué Yanira me preguntó:

-¿Como es que no has cogido de la despensa?
-Porque habían unos hombres del pueblo cerca y no podía entrar sin delatar la entrada de la cueva
-¿Y que debían buscar?
-Podrías ir tú e investigar
-¡Vale! Voy a ir ahora mientras vosotros coméis

La verdad es que a ella también le sabía mal vernos comer un animal que poco antes estaba vivito y contento por el bosque, para los seres mágicos o para los herbívoros es difícil entender que se pueda matar para comer pero animales los carnívoros lo vemos muy diferente aparte de ser una necesidad, es ley de vida.

Cuando habíamos comido regresó Yanira.

-Tenías razón, están buscando la entrada de la cueva
-Ves, menos mal que hemos huido a primera hora si nos hubiéramos esperado ahora no tendríamos escapatoria
-Pero ¿Como pueden saber por donde estaba la cueva?
-Se lo habrán explicado los duendes
-Pero ¿Como pueden hacer eso los duendes?
-¿No se lo dijeron a Aldo?
-Menos mal que hemos escapado
-No, todavía no nos hemos librado, debemos ser más listos que ellos
-¿Como nos van a encontrar?
-Muy fácil, cuando encuentren la cueva sabrán que están por buen camino y seguirán el rastro
-¿Seguirán el rastro?
-No sabes que hay humanos capaces de seguir esas huellas que van dejando los dragones
-¿Ah si? Pues no lo sabía
-Ya, debemos hacer algo para que no puedan seguir el rastro,
-¿Y si provocamos un incendio?
-No seas bruta, tengo una idea más sencilla, ¡Chicos venid aquí!
-Sii, dinos Phoenix
-Sé que todavía sois muy jóvenes para volar pero hoy vamos a hacer la primera clase
-¿Porqué?
-Por qué no hay más remedio, debemos perderles la pista y esa es la mejor solución pero no os preocupéis, yo os llevaré volando
-¿Podrás volar con nosotros?
-Espero que sí, de todas formas vosotros iréis moviendo las alas para ayudarme y de paso practicareis

Seguimos el camino hasta la siguiente montaña, una vez allí subimos hasta la cima, las aves fénix podemos volar con grandes pesos pero un dragón quizás era demasiado.

domingo, 23 de octubre de 2011

Historia de Phoenix LIII


-¿Pero que haces? Eso duele
-Estoy comprobando que no me hayas engañado
-Sabes que no podemos mentir, sobretodo en eso
-Por si acaso y ahora te ordeno que nos dejes en paz a los dragones y a mi

No contestó, no le hacía ninguna gracia la orden pero estaba obligado a cumplirla, se quedó quieto tocándose la cara magullada por culpa del golpe.

Eché un último vistazo a Aldo, estaba en el suelo en el sitio donde habíamos luchado, no había podido ni moverse y parecía a punto de morir, entonces giré el transformum, reduje el puñal a una pequeña anilla y me fui volando.


Mientras volaba no pude por menos pensar en el duende y lo que decía, no podía evitar pensar que estaba criando unos monstruos que podían arrasar con todo.

Cuando llegué a la cueva.

-Yanira
-¿Si?
-¿Tú le has explicado a alguien que estamos aquí y que estamos criando cinco crías de dragón?
-No, a nadie
-Ni siquiera a un duende llamado Erline
-Bueno, el otro día, cuando estábamos cogiendo vallas Aziza y yo, nos encontramos con  unos duendes, evidentemente se interesaron por nosotros, es normal, no nos habían visto nunca por aquí
-¿Y le dijiste la verdad?
-Por supuesto
-¿Y le explicaste todo?
-Sí, ¿a que viene tanto rollo?
-A que un duende llamado Erline me ha tendido una trampa para que Aldo me cazara
-Bueno, por lo que veo, has podido escapar
-Claro, por los pelos, he tenido que luchar con Aldo, por suerte, he ganado yo
-¿Y él?
-He tenido que matarlo
-Bueno, míralo por el lado bueno, ahora ya no tienes que preocuparte más por Aldo
-Sí pero no podemos arriesgarnos a que los duendes hagan algo más
-¿Por qué iban a hacer tal cosa?
-Porque quieren acabar con los dragones
-Los duendes nunca se meterían en eso
-Por lo que se ve, sí, mañana en cuanto salga el sol partiremos hacia el norte
-Esta bien, si crees que es necesario
-Sí, hacia el norte hay más caza
-Pero piensa que todavía no saben volar
-Ya, iremos paseando

Tal y como salió el sol empezamos nuestra excursión, los dragones iban emocionados ya que hasta ese día no les habíamos dejado salir de la cueva aunque sabían que algo no iba bien.

Para ellos fue toda una experiencia ver el mundo exterior por primera vez y poder desplegar las alas sin temor a pegar con nada, alguno hacia incluso el intento de volar aunque en vano, es que eran muy pequeños todavía.

Yo emprendía el vuelo de cuando en cuando para escoger bien el camino, sobre mediodía decidimos hacer una pausa para que pudieran descansar, yo aproveché para volver a la cueva y coger una oveja que teníamos en la despensa.

Cual fue mi sorpresa cuando vi a unos hombres dando vueltas por la montaña, no pude entrar en la cueva sin delatar su posición por lo que decidí irme a buscar la comida a otro sitio.

domingo, 16 de octubre de 2011

Historia de Phoenix LII


Estaba a punto de rematarlo cuando vi por el rabillo del ojo al duende que venia a atacarme armado con una flecha de Aldo, se acercaba por un lado.

-¿Donde vas? Asqueroso embustero ¿Quieres que te mate a ti también?
Tal y como dije eso soltó la flecha y echó a correr pero apenas pudo dar unos pasos antes de que lo agarrara por la chaqueta.

-¿Por qué lo has hecho? Eh asqueroso embustero
-¿Por qué vas a ser? Para salvar el bosque
-¿Como?
-Si esos dragones llegan a adultos, pronto no quedaran animales en este bosque
-¿Pero es la ley de naturaleza? Además ¿Que te hace pensar que se quedaran aquí?
-¿Ley de la naturaleza? Una hada y un ave fénix cuidando cachorros de dragón, ¡Vamos hombre! ¿Donde se ha visto? Y piénsalo ¿Cuantos animales habéis cazado entre la dragona y tú? ¿Cuantos más tendrán que morir antes de que decidan irse a otro sitio y cacen animales de otros bosques?
-Todo el mundo tiene derecho a una oportunidad, la vida es así
-Si esos dragones llegan a adultos, ningún animal tendrá la más mínima oportunidad, piénsalo

Me dejó atónito, no lo había pensado así pero tenía razón, había cazado en las últimas semanas más que en muchos años juntos de mi vida.

-Mira, te voy a dejar voy por esta vez pero si te vuelves a entrometer en mis asuntos, no seré tan generoso
-Mátame si quieres pero pienso hacer cuanto esté en mi mano para que esos dragones mueran
-¿Incluso aliarte con un humano y engañarme?
-Por supuesto

Reduje la espada a la medida de un puñal y lo acerqué a su cara pero no mostró el más mínimo miedo, se la clavé en la frente y la fui bajando muy despacito, dejando un rastro de sangre a su paso, era un corte poco profundo pero suficiente para hacerle ver que iba en serio, por desgracia él también y ni se inmutaba.

Estaba convencido de lo que decía, la única manera de librarme de él era matarlo, así acerqué el puñal a su cuello y él cerró los ojos esperando el trágico desenlace.

Pero no fui capaz, me sabía muy mal matar al duende así a sangre fría a pesar de lo que había hecho así que tomé otra decisión.

-Dime tu nombre
-Me llamo Erline
-¿Ese no? Tu nombre élfico

Entonces se le abrieron los ojos, se quedó pensativo

-No pienso decírtelo


Clavé ligeramente el puñal en su cuello, lo justo para que empezara a asomar la sangre

-Dímelo o te mato
-Esta bien, mi nombre élfico es: Aethelwyne
-Aethelwyne
-Esta bien, dime

Cuando dices el nombre élfico de alguna criatura mágica pasa a pertenecerte y debe obedecerte en todo incluso contra su voluntad.

-Salta hasta aquella rama
-Está muy alta, los duende no podemos saltar tan alto

Pero a pesar de lo que dijo saltó y llegó hasta ella

-Pero ¿Como es posible que haya llegado?
-Porque ahora me perteneces y harás cuanto yo te ordene, ahora déjate caer y no pares el golpe
-¿Que?

Tal y como acabe la frase se soltó y pegó con la cara contra el suelo

martes, 11 de octubre de 2011

Historia de Phoenix LI


Pero la dragona tenía razón y pasados los dos primeros meses empecé a cazar también alguna oveja, buscaba los rebaños más apartados pero es igual, debía cazar a diario y no podía estar yendo al mismo sitio cada día, así que iba alternando, a veces tardaba horas . . . y los rebaños de ovejas cercanos eran muy tentadores: Entre pasarte hora buscando y volando o llegar y escoger, cada día resultaba más tentador y sobretodo cuando las zonas habituales ya te tenían muy visto y las posibles presas se escondían nada más verte.

Un día estaba sobrevolando el bosque, cuando vi a un duende hacerme señas.

-Perdona ¿Eres tú el que está alimentando las crías de dragón?
-Que ¿Yanira ya te lo ha dicho?
-Más o menos
-¿Y qué quieres?
-Ven tengo algo para tí, sígueme

Seguí al duende hasta una zona donde el bosque era mucho más espeso.

-¿Donde me llevas?
-Ahora lo verás, con ello podrás alimentar a tus bestias una semana por lo menos

Eso me animó, a pesar de que esa zona del bosque me empezaba a dar angustia, estaba muy espeso como para volar y a las aves nos da claustrofobia en sitios así, por lo que instintivamente me puse en tensión.

De repente vi una figura en medio de la espesura, cuando me giré vi que era Aldo pero ya me había disparado una flecha, por suerte al girarme no me acertó de lleno y sólo me hirió un ala.

Pero me habían tendido una trampa y no podía quemar la flecha ya que tenia dentro la punta de hierro, si empezaba a arder el hierro se me fundiría dentro, me escondí pero debía pensar un plan y rápido.

Entonces derrame unas lagrimas sobre una hoja, acto seguido giré el transformum, me transformé en humano, entonces me pude quitar la flecha y con las lagrimas me curé la herida, ¡Bien! Había solucionado el primer paso, pero Aldo no tardaría en encontrarme, no podía escapar volando y no me pareció bien provocar un incendio.

Así que me decidí a coger a Gram, trasformarla en una espada y esperar que Aldo se acercara, cuando estuvo cerca le ataqué sin darle tiempo a reaccionar y rompí su ballesta.

-¿Como tú por aquí? - dijo mientras me observaba, aunque viendo la herida de mi brazo se le disipó cualquier duda sobre quien era yo - Por eso sabías lo de la trampa ¿No? ¿Quien eres? O mejor dicho: ¿Que eres?
-Ahora me llamo Phoenix y ahora mismo soy humano
-Pues entonces lucha como un humano

Tal y como dijo eso, desenvainó su espada y me atacó, yo intenté parar el golpe con la mía pero el golpe me tiró al suelo, y me hirió nuevamente en el mismo brazo, por suerte dicho brazo seguí mojado con mis lagrimas y se curó al instante ante los ojos del atónito Aldo que no daba crédito.

-¿Como es posible?
-Digamos que tengo suerte, ¿Y tú?

Tal y como dije eso le ataqué pero él paró el golpe sin problema, el grandullón era más fuerte que yo y estaba más acostumbrado al manejo de la espada así que debía estar muy atento al próximo movimiento porque igual no se me curaba tan rápido.

Por suerte yo era mucho más rápido lo vi venir por lo que le esquive y conseguí herirle en la cara antes de que parara el golpe, un corte no demasiado profundo desde la comisura de los labios le recorría la mejilla izquierda hasta casi la oreja.

-Veremos a ver si eso se te cuida tan rápido como a mí – le dije mientras le enseñaba que a mí se me habían curado perfectamente las heridas de mi brazo
-¿Que clase de ser eres?, ¿Se te puede matar? Bueno por lo menos lo pienso intentar

Tal y como dijo eso intentó atacarme otra vez, por suerte yo tengo muchos más reflejos y para mi era como verlo a cámara lenta así que lo esquivé y le clavé la espada en un costado, esta vez no era un corte muy superficial.

Él se quedó parado cuando empezó a salir sangre de la herida y le dolía horrores, sabía que estaba herido mortalmente.

domingo, 2 de octubre de 2011

Historia de Phoenix XXXXX


Yanira estuvo un par de días sin poderse mover por lo que me tocaba a mi ir a buscarle las vallas para comer ya que ella no se había preparado una despensa como la dragona, andaba siempre vigilante porque sabía que Aldo andaba por algún sitio preparándome trampas, por suerte no se imaginaba que yo salía a buscar bayas y lo que tampoco se imaginaba es que yo sabía que me buscaba.

Nunca hubiera imaginado que un ave fénix como yo, un ave solitaria y viajera, se encontraría de esa manera: Cuidando de un hada, su hija y de cinco cachorros de dragón,

A los diez días habían salido cinco cachorros, uno cada dos días y eso que habían seis huevos escondidos entre las piedras pero no sé porqué el sexto no llegó a abrirse, por lo que lo volvimos a dejar dentro y le echamos las piedras encima con la esperanza de que viniera con retraso y saliera algún día.

Cinco cachorros daban mucha guerra, aunque lo que más me preocupaba era que alguno llegase a salir fuera de la cueva y lo viera Aldo y es que Yanira estaba casi todo el tiempo pendiente de nuestra hija.

-Por cierto, ¿Que nombre le quieres poner?
-Siempre he dicho que si algún día tengo una hija se llamaría Aziza


Pronto ví que la despensa no sería suficiente por lo que tendría que ir empezando a cazar, primero me iba a las montañas a buscar lobos pero la dragona tenía razón:

El lobo es un animal muy descuidado dado que normalmente no tiene depredadores, sólo los humanos se dedican a cazarlos, por lo que no deben preocuparse, pero estos debían estar muy escarmentados por los cazadores y por eso se escondían mucho.

Por suerte descubrí una zona en la que habían muchos jabalíes, pero tampoco no podía dirigirme allí diario, así que alternaba, unos días lobo, otros jabalí, también cazaba conejos de cuando en cuando, pero con un par de conejos no hacía nada para alimentar a cinco dragones por suerte ya empezamos a enseñarles a volar y pronto se podrían repartir por el mundo.

X X X X XX X X X X X X X X X X X

domingo, 25 de septiembre de 2011

Historia de Phoenix XXXXIX


Nos volvimos a la cueva donde avivé el fuego y le enseñé la despensa

-Mira, por eso la dragona cazaba tanto últimamente porque estaba guardando comida para cuando nacieran sus crías
-¡Cielos! Hay pastores y todo, no me extraña que dieran una recompensa por ella
-¡Ya! Era una madre previsora

Luego nos quedamos a dormir al calor de las piedras que estaban incandescentes. A la mañana siguiente me despertó Yanira.

-Despierta dormilón, que uno intenta salir del huevo y las piedras no le dejan, ayúdame que esos pedrotes pesan mucho para mi

Saqué unas piedras del lado por donde oíamos al recién nacido romper el cascarón y le ayudamos a salir, le costaba pero andaba, de tamaño vendría a ser del tamaño de un perro pero todo rojo y con una cola muy larga y unas alas más grandes que él.

-¿Tú eres mi mamá?

No me esperaba esa pregunta, aunque por otro lado era de lo más lógica

-No, yo no soy tu mamá, tu mamá es aquella- y señalé al cadáver de la dragona
-¿Esta dormida?
-Me temo que no pequeño
-¡Como le dices eso al pobre!, Tu mamá esta dormida pero no sabemos cuando despertara, ¿tienes hambre?
-Mucha
-Pues ven que la tía Yanira te acompañará a la despensa
-Lo que me faltaba por oír: “La tía Yanira”

Al rato, volvió Yanira:

-Phoenix, no sé por que pero el cachorro no puede comer, ¿No habrá que darle leche?
-¡Claro! Porque es muy pequeño para comerse una oveja entera
-¡No te pongas así! Que soy madre primeriza
-No te preocupes que yo me encargo

Entré y me lié a zarpazos con la tripa de la oveja, ahí se encuentra la carne más tierna del cuerpo, efectivamente tal y como hice eso el dragón se lanzó a comer con un desesperado.

A los dos días nació otra cría, mucho mejor así se entretenían jugando entre ellos y me dejaban tranquilo, en lugar de estar encima mío buscando juego y calor.



A la tarde tuve una sorpresa aún mayor, de repente a Yanira empezó a dolerle la tripa un montón
-¿Que te pasa?
-Llévame a mi habitación

La llevé a un hueco que se había preparado en alto, donde una camisa mía le hacía la función de cama y ropa de cama al mismo tiempo, allí la dejé esperando a ver si se le pasaba.

-Túmbate aquí y ya se te pasará
-¿Que se me pasará? ¿Como quieres que se me pase?
-¿Quieres que te lleve al bosque de las cuatro encinas?
-No hay tiempo, consígueme agua caliente, deprisa

Cogí mi puñal y me fui al río, una vez allí lo transforme en un cazo, me lo colgué del cuello y lo llené de agua, luego en la cueva ya me encargaría de calentarla.

Cuando estaba llevando me encargué en mandarle fuego, con lo cual, cuando llegamos ya estaba calentita.

-¿Para que quieres agua caliente?
-Para bañar a nuestra hija
-¿NUESTRA HIJA?
-Mira

Y me enseñó un bebé muy pequeño, tenía la cara redondita y muy blanca, era rubia, tenia unos ojos azules preciosos y la misma nariz que su mamá, la llevaba envuelta en un trozo de mi camisa.

-Esta es nuestra hija, normalmente las hadas solemos tener los hijos en el bosque y se encargan de ello las hadas cuidadoras pero las circunstancias han hecho que nuestra hija sea especial, y será muy especial, será la salamandra (hada de fuego) más poderosa de todas
-Pero si las ave fénix no podemos tener hijos
-Pero los humanos sí, además fíjate, se parece a ti

Sí, efectivamente se parecía a mí, pero se me hacía muy raro. . . Ser padre, en mi naturaleza no entraba ser padre y ahora tenía que cuidar de una manada de cachorros de dragón y de una hada que era hija mía, demasiados cambios en una sola semana.