jueves 19 de enero de 2012

El salto del Angel

Estábamos en el instituto, hacíamos segundo de bachillerato, se acercaba el verano
pero antes teníamos que pasar los examenes finales, de ellos dependían si tendríamos
vacaciones o deberíamos pasarnos el verano repasando para septiembre.
Salíamos de clase e íbamos por el pasillo, Juan mi compañero de pupitre me iba
explicando algo cuando la vi venir de frente, yo me quedé embobado mirándola, no oía
lo que me decía Juan ni nada y es que el mundo se me paraba cuando miraba a Sonia.
Ella venía despistada hablando con una amiga y chocamos, de seguida me agaché
para ayudarle a recoger los libros que se le habían caído, ella también, cuando nuestros
rostros se quedaron a cinco centímetros, el corazón se me aceleró y me puse tan
nervioso como siempre que hablaba con ella desde que mi cuerpo hizo el salto a la
pubertad y dejé de verla como una niña para ver la mujer en que se estaba convirtiendo.
-Lo siento, venía despistada
-No, perdona tú que ha sido culpa mía
-Por cierto ¿Cómo te van los exámenes finales?
-Bien ¿Y a ti?
-Puff, van - Entonces se me quedó mirando como si una luz se le hubiera
encendido en el cerebro, como si hubiera tenido una idea - Oye, como ya hemos hecho
el examen final de mates vamos a hacer campana esas dos horas y nos vamos al Salto
del Ángel a bañarnos ¿Quieres venirte?
-Yo tengo natus
-También has hecho el exmanen final ¿No?
-Sí, pero no me he traído bañador
-Yo tampoco, ni nadie -Dijo haciéndome una sonrisa picarona mientras encogía
los hombros y torcía la cabeza hacía un lado
-Esta bien, nos vemos después
Mientras íbamos a clase Juan me lo estaba recriminando.
-Tío ¿Cómo te puedes petar la clase de naturales? Va a comentar el examen
-Juan, sabes que estoy colado por esa chica desde que compartíamos pupitre en
primaria y desde que va a otra clase casi no nos vemos, me ha dicho de ir a bañarnos
juntos al río y que no lleva bañador ¿Cómo quieres que le diga que no?
-Esta bien, tú mismo pero yo me quedo - Me contestó haciendo un gesto de
condescendencia -Ya le diré a la profe que no te encontrabas bien y te tuviste que ir.
-Gracias colega
Nos juntamos en un parquecito que había al lado del instituto y una vez estuvimos
todos salimos hacia el bosque. De chicas iban Sonia, Marta su mejor amiga, Erika la
gamberra del instituto que siempre se apuntaba a todas las campanas y Alicia era
posiblemente la chica más guapa o por lo menos eso pensaba ella y parecía que siempre
estaba posando para una foto.
De chicos íbamos Alberto, el chico guapo que salía con Alicia este mes, Alberto
el mejor amigo de Erika, era un buen chico pero estaba colado por ella por eso la
seguiría al fin del mundo si hiciera falta aunque para ella sólo era un buen amigo y
apuntado a última hora: Yo.
De camino estuve hablando con Sonia.
-Oye ¿Qué piensas hacer después del bachillerato?
-Pufff, no lo sé, queria estudiar psicologia pero no me va a dar la nota seguro, eso
contando que lo apruebe todo el septiembre
-¿Qué te ha pasado? Tú siempre sacabas buenas notas
-Sí pero este año me he despistado un poco
-Ya, desde que te juntas con estos- Dije señalando al grupo con la cabeza- ¿Por
qué lo haces?
-Porque me gusta – Dijo ella señalando a Alberto
-Pero si sólo tiene ojos para Erika – Contesté intentando contener toda la rabia
que me quemaba por dentro
-Bueno, algún día se hartará de que pase de él y se dará cuenta que no tiene nada
que yo no tenga ¿Y tú? ¿No te gusta ninguna chica?
-Sí... una ... pero no me atrevo a decirle nada, soy muy tímido, ya sabes
-Ya ¿Y quien es?
-No te lo puedo decir
-¡Venga va! Yo te lo he dicho
-Lo siento pero no puedo
Seguimos caminando y saco el movil para enviar un SMS a mi madre y decirle
que no iré a comer, después Sonia me lo pide, yo se lo doy sin pensar ni sospechar nada.
Ella pretende revisar mis fotos, espera descubrir quien es la chica que me gusta, una
foto tomada disimulando mientras la chica habla con sus amigas y simplemente esta en
clase pero en cuanto coge el movil se queda parada y alucina porque no le hace falta
revisar las fotos.
Es una foto muy antigua, de un día de carnaval, yo me disfracé de John Travolta y
ella de Olivia Newton John, mi madre dijo:
“Poneos aquí que os voy a hacer un foto que estáis muy guapos”
Nos abrazamos y justo cuando mi madre iba a disparar, Sonia me dio un beso en
la mejilla, un beso inocente de una niña imitando a un actriz pero a mí me encanta y la
tengo puesta de salvapantallas.
Por suerte, yo he seguido avanzando mientras ella se quedó parada porque me
moriría de vergüenza, tampoco he visto la cara de circunstancias que se le ha puesto, la
cara que se te pone cuando te dicen que le gustas a alguien, me acerco a hablar con
Alberto mientras ella me mira con otros ojos, en un parpadeo he dejado de ser ese niño
disfrazado de John Travolta para ser un chico y un hombre.
Mientras hablo con Alberto, quizás para averigüar que tiene él que yo no tenga,
detrás nuestro ella nos mira, nos pone en una balanza y compara.

Llegamos al Salto del Ángel es un salto de agua muy escondido en un pequeño
riachuelo cercano, llegamos y todos empezamos a quitarnos la ropa, yo pensaba
quedarme en calzoncillos pero observo como los demás se quedan como vinieron al
mundo, entonces me quedo extasiado contemplando el cuerpo de Sonia, esto es mejor
que cualquier clase de matemáticas, vale la pena el mal rato que pasaré después sólo
por este momento.
-Yo de ti me quitaba también los calzoncillos si no luego los tendrás que llevar
mojados
-Ya... pero... es que tengo un pequeño problema
-Yo no diría que sea tan pequeño ¿O es que te crees que con los calzoncillos no se
nota?- Me dijo Sonia mientras me guiñaba un ojo con esa sonrisa que ponen las chicas
cuando se saben seducturas, yo me pongo colorado como un tomate.
Entonces llega el momento que me daba más miedo, el Salto de Ángel se llama
así porque hay una piedra que parece un trampolín para saltar al pequeño lago que se
forma al píe del salto de agua, no tiene mucha altura, algo más de un metro pero yo
estoy nervioso y muy tenso, todos saltan y me quedo yo solo sobre la roca, en esas
observo una cicatriz que tengo en mi mano derecha, casi no se ve a simple vista pero yo
sé que es una mordedura de serpiente.
Entonces mi mente recuerda una vez de niño en ese mismo charco, un día de
verano que fui a bañarme con mi hermano y unos amigos suyos, todo iba bien hasta que
estaba nadando y no vi una serpiente que cruzaba nadando en dirección hacia a mí, mi
hermano sí que la vió e intentó avisarme pero no lo oí, no era venenosa ni peligrosa pero
tuve tan mala suerte que se me enredó en la mano, sacó la cabeza del agua y me hizo:
-Sisssssss
Acto seguido me mordió en la mano para luego desaparecer, seguramente porque
estaba tan asustada como yo, el mordisco no fue gran cosa pero a mí me entró el pánico,
no fuí capaz de reaccionar y si no llega a ser porque mi hermano me sacó del agua me
habría ahogado, desde entonces he sido incapaz de bañarme en ningún sitio donde no se
vea el fondo y por supuesto nunca hasta hoy he vuelto a hacer el salto del ángel, sé que
fue mala suerte y que la serpiente nunca quiso hacerme daño ni tampoco me hizo gran
cosa, sólo se defendió pero no puedo,cuando lo he intentado me entra el pánico y me
bloqueo.
De repente vuelvo a la realidad cuando veo una mano femenina que me acaricia la
cicatriz mientras abajo el resto del grupo se ríen de mí Sonia ha salido del agua y está
conmigo.
-No tengas miedo, hoy no hay serpientes
-Pero... ¿Cómo lo sabes? Nunca se lo he contado a nadie
-A mí sí, ¿No te acuerdas cuando compartíamos pupitre y nos lo contábamos
todo?
-Y ¿Todavía te acuerdas?
-Claro que me acuerdo, me acuerdo mucho de ti, me lo pasaba muy buen contigo,
la lástima es que desde que vamos a clases diferentes no quieres saber nada de mí
-¿Pero si eres tú la que se ha buscado nuevas amistades?
-Ssssss -Dijo poniendo un dedo indice en mis labios -Déjate de reproches y dame
un beso
Ella echó la cabeza hacia atrás y se quedó esperando que la besara, el corazón casi
se me salía del pecho mientras me iba acercando lentamente hacia ella, cuando nuestros
labios estuvieron a cinco centímetros por segunda vez en el día, ella se apartó corriendo
y dijo:
-¡Si me quieres dar un beso primero tendrás que cogerme!
Y acto seguido se lanzó al agua, dudé un segundo pero sólo uno y es que, después
de decirme eso, aunque hubiera estado el agua llena de serpientes me hubiera lanzado
detrás de ella.
Nadó hasta la orilla y se quedó tumbada boca arriba esperándome, llegué y me
abalancé sobre ella.
-Lo has conseguido
-Sí, gracias a ti
-Bueno y... ¿A qué esperas para recoger tu premio?
Nos abrazamos y le doy un beso en la boca, un largo beso
Cambia la imagen pero seguimos en el mismo sitio y seguimos besándonos
aunque yo estoy algo más gordo, llevo el pelo corto y cano, bueno los dos somos más
mayores, han pasado unos cuantos años, dejamos de besarnos y miramos hacia la roca
donde un niño intenta conseguir valor para saltar, tiene los ojos azules como yo y la
nariz griega como Sonia.
-Aquí fue donde besé a tu madre por primera vez pero para que me besara
primero tuve que ser valiente y saltar
El niño al final hace acopio de valor y salta.
-¡Mira! Tenias razón, ha saltado
-¡Claro! Piensa que además de ser su madre, soy psicologa
FIN


martes 10 de enero de 2012

Eladio

Sobre las nueve de la mañana el sol  entraba ya con fuerza  por la ventana e hizo que Eladio se despertara muerto de frío ya que aquella vieja manta no abrigaba apenas, observó entonces la vieja estufa de leña que había en el rincón.

Recordó de niño cuanta faena daba: Traer la leña, cortarla, encender el fuego, limpiar la ceniza, cuanto lo odiaba cuando vivía con sus padres y lo que daría ahora por tener leña con que calentarse, a veces coge cuatro maderas que encuentra por ahí pero no duran mucho y  esa estufa eléctrica que recogió de un contenedor apenas puede luchar con el frío que se cuela por esas viejas ventanas de madera, al otro lado de la habitación hay un armario antiguo donde guarda la poca ropa que tiene, no hay estantes y está toda amontonada en el fondo,  la cama y su colchón de espuma son los mismos donde dormían sus padres antes de morir, de hecho toda la casa esta igual que cuando vivían sus padres.

Le duele mucho la cabeza, de buen grado se quedaría en la cama pero tiene mucha hambre, va hasta la cocina  donde la mayoría de los muebles carecen de puertas o están descolgadas, la nevera emite un zumbido a hierro viejo como si tuviera un grillo encerrado en el mecanismo, lo que indica que pronto dejará de funcionar aunque le da lo mismo, la abre con la esperanza de encontrar algún cacho de chorizo con el que llenar el estomago aún sabiendo que hace días que no hay nada sólo un olor agrio que indica que   necesita una buena limpieza, al igual que toda la casa pero no esta de humor para ponerse a limpiar, decepcionado la desenchufa.
Se viste con la ropa que dejó anoche tirada en ese suelo de  terrazo frío y desgastado por los años, entonces sale a la calle y observa el barrio que le vio nacer, recuerda cuando vivía con sus padres aquellos tiempos felices mucho antes de vender su alma al diablo.
 La Rosaleda es uno de esos barrios que mandó construir el generalísimo con el lema “casas para todos”,   consiste en bloques perdidos en el campo formados por casas pegadas pared con pared, muy pequeñas y de una planta, sin cámara ni la mayoría de las cosas que hoy día debe llevar una casa decente, pero se trataba eso sí de casas muy baratas para gente sin apenas recursos, hoy día la mayoría de esos barrios han sido derribados  pero La Rosaleda ha sobrevivido gracias a que la gente se movilizó y  salió a la calle cuando el ayuntamiento quiso convertirlo en zona verde.
Decían que “en ningún sitio se vive como aquí” y eso es cierto, aquí los gitanos pasan la tarde cantando alrededor de una hoguera, los niños salen por la mañana a jugar con las ocas que el tío Raimundo deja sueltas y los ancianos sacan una silla y se sientan a tomar el sol.
Allí fue donde él se crió y donde ha acabado ya que al morir sus padres heredó aquella vieja casa y ahora es lo único que le queda, lo único que no pudo quitarle su mujer, baja por el camino hasta dos bloques más abajo a ver si está Javier.
 Javier es un vecino que se dedica a reparar coches y a toda clase de servicios, no tiene ningún taller, los coches los repara ahí mismo en la puerta de casa, pequeñas reparaciones a gente que no puede o no quiere pagar un taller. Por la mañana enciende un fuego para hacerse el almuerzo, careta de cerdo, bacon, longaniza, cualquier cosa, cuando Eladio no tiene qué comer baja a verlo y almuerza con él, con suerte si necesita ayuda para desmontar alguna pieza se queda ayudando y así se gana unos eurillos con los que comprarse una barra de pan y un litro de vino.
Pero hoy no está, decepcionado piensa qué hacer, decide ir a la ciudad, a San Blas que es el barrio más cercano, también es de la misma época pero ya son bloques de pisos sin ascensor pero con calles y locales comerciales, por eso podríamos decir que ya es “ciudad”,  de camino para en un contenedor, a veces encuentra cosas muy curiosas ahí que incluso puede vender por unos euros o cambiar por un vaso de vino, aunque hoy el contenedor que más le preocupa es el de ropa y es que necesita una chaqueta o un buen jersey pero últimamente nadie tira ninguna, la crisis afecta a todos.
Vagando por San Blas pasa por delante del bar del indio, el indio es un tipo bastante alto y desde que regenta el bar bastante gordo, le llaman así por que su piel, su pelo y su aspecto es más propio de un sioux que de un europeo, es un viejo amigo que trabajaba en la construcción pero un accidente  le fastidió la espalda y tuvo que dedicarse a otra cosa.
-Indio, por favor me puedes hacer un bocadillo y ya te lo pagaré que estoy sin blanca
 El indio se lo mira, sabe que no cobrará pero hace tiempo que son amigos y le da lástima, sabe que no es mal tipo, además siempre ha destacado por su compasión, demasiada según su mujer ya que se le llena el bar de amigos apurados y no hace caja, eso sí, siempre tiene compañía.
-Está bien, pero deja en paz a los clientes ¡Eh!
-Por mis muertos
-¿De qué lo quieres?
-De lo que sea
Con un trozo de pan de ayer que iba a tirar y dos huevos que no recuerda cuanto tiempo tienen le prepara un bocadillo de tortilla a la francesa que a Eladio le parece el manjar más exquisito del mundo y es que como decía mi padre: “Cuando hay hambre no hay pan duro”
En esas entro yo a tomar un carajillo, no me miréis así, me gustan los bares cutres que huelen a serrín y vino dulce donde los viejos juegan al dominó mientras fuman esos caliqueños apestosos y toman copas de anís en esas mesas desgastadas de tanto limpiarlas donde puedes contar las marcas redondas de golpes de vasos, esos vasos de duralex que han perdido el brillo de tanto usarlos, pienso que eso es tan típico nuestro como la paella o la tortilla de patatas.
Además, me reconforta entrar en ese bar porque por mal que te vayan las cosas, siempre encuentras a alguien al que le va peor que a ti.  
Cuando entro saludo a Eladio, pero no como hacen todos, que lo saludan desde lejos o hacen que no lo ven, yo me acerco hasta él y le doy la mano sonriendo, con aprecio o quizás lastima.
-Que tal Eladio ¿Cómo va la vida?
Él aprovecha la confianza que ya sólo le damos unos pocos y me dice:
-¡Oye! ¿Me invitas a un vaso de vino? Pero que no se entere el Indio que te lo he pedido yo
No contesto, pero muevo la cabeza afirmativamente y aprieto los labios, pensando “ya me ha pillado”.
-Indio, ponme un carajillo y ponle  un vaso de vino a mi amigo Eladio que se lo pago yo
El indio se me queda mirando fijamente frunciendo un poco el ceño, Eladio le da pena pero lo que no puede consentir es vaya agobiando a la clientela que sí paga, aunque sabe que si me pregunta no le voy a reconocer que me lo ha pedido él, mientras yo me quedo mirando a la maquina de tabaco disimulando para que no se me note mucho la mirada aunque, yo no fumo.
Tampoco hacía falta que me lo pidiera de esa manera, siempre lo hago, algunos me dirán que soy tonto pero tengo una extraña sensación como un vacío en el estomago y se me encoge el corazón cuando lo veo, es como si viera a un fantasma venido del futuro para avisarme.
Os parecerá una tontería pero pienso que todos los que nos paramos a tomar una cerveza después del trabajo, los que celebramos las cosas brindando o los que necesitamos una copa cuando hemos tenido un mal día, cada vez que hacemos algo de eso aceptamos una moneda de un demonio que quiere comprar nuestra alma y convertirnos en un ser inútil, incapaz de seguir viviendo una vida que sea eso: Vida.
La prueba es Eladio, él era como nosotros, como yo, como cualquiera, ni más listo ni más tonto, un individuo de pelo cano, bajito, delgado y con bigote que era un trabajador aplicado, con un buen trabajo, casado, con una casa, etc. ¿Qué pasó para perderlo todo? Quien sabe, quizás simplemente se le juntaron demasiados malos días, necesitó demasiadas copas y fueron suficientes monedas para comprar su alma.
No lo sé, nunca le he preguntado si se volvió alcohólico cuando lo dejó la mujer o le dejó la mujer cuando se volvió alcohólico. 

miércoles 4 de enero de 2012

EL Fin del Mundo II

Iba con mi coche por la carretera de Pallaresos, el pueblo donde vivía antes de separarme, me gustaba aquel pueblo aunque la carretera deberían haberla arreglado, hace años que dicen que la van a arreglar pero siempre surge una urgencia que se come el presupuesto.
Iba a buscar a mis hijos que me tocaban este fin de semana estaba nervioso, me había entretenido en el trabajo y llegaba tarde cuando sonó el teléfono, era mi ex, seguramente para recordarme que me está esperando, como si yo no lo supiera.
-Sí dime
-¿Se puedes saber donde estás? Tengo a tus hijos esperándote en la puerta ¿Cuánto vas a tardar?... ¿No habrás hecho como siempre eso de dejar el móvil por ahí y no escucharme?
En el momento que me despiste cogiendo el teléfono no vi la curva y me caí por un margen de avellanos, por suerte el coche que venía detrás me vio y pidió una ambulancia porque yo me quedé inconsciente.
Me desperté como en una nube, era algo extraño tenía una sensación etérea y la gente que vi pasar de un lado a otro también parecían etéreos como si los estuvieran proyectando sobre la nube, intenté hablar con alguno de ellos pero parecía que no me hacían caso como si no me oyeran.
-Hola, te estaba esperando
Me giré y me había hablado un hombre de piel morena con el pelo rapado al cero y un ojo tatuado en la frente
-Hola ¿Estoy muerto?
-No esto es un estado intermedio, bueno, para que tú me entiendas estás en el limbo y tu cuerpo está en coma aunque pronto volverás a él y despertarás
-¿Tú eres San Pedro?
-No ¿Tengo pinta de ser San Pedro?
-No más bien pareces un monje budista
-Lo soy ¿No te acuerdas de mí? Soy el lama Dai-yu
-Pues no, es más, si te tengo que ser sincero no recuerdo haber conocido a ningún monje budista en mi vida
-Tienes razón, pero en otra vida fuiste mi discípulo
-¿Ah si?- Pregunté sin ocultar mi asombro y es que me costaba mucho creerme lo que estaba pasando- ¿Y era bueno?
No me contestó, pero la cara de circunstancias que puso contestó por él
-Digamos que no estuviste suficiente tiempo para aprender bien pero tenias talento innato para hacer grandes cosas y ahora en este estado es el momento de recuperar las clases
-Vale
-Siéntate aquí y ponte como yo
Se sentó en el suelo y cruzó las piernas, luego puso las manos sobre las rodillas y cerró los ojos, yo hice lo mismo entonces sentí como una descarga y noté como nuestras mentes conectaban sentí que era un gran maestro le noté bondad en su corazón y sobretodo paz interior, entonces fue cuando me ayudó a recordar mis vidas anteriores
Recordé cuando acompañaba a mi padre, no a mi padre actual al que tuve en otra vida que se dedicaba a hacer la ruta de la seda y viajando por las montañas del tibet fue como llegamos al monasterio donde Dai-yu era el Lama, a mí me encantó el lugar.
Desde el momento en que entré en aquel sitio me sentí atraído por la vida de los monjes y por su espiritualidad por eso Dai-yu me ofreció quedarme.
“Sí, vi que tenías madera y pensé que podías llevar las enseñanzas de Buda a los pueblos lejanos de occidente”
Pero me costaba mucho hacer el “camino” y abstenerme de todo deseo físico
Convencí a mi padre que me dejara quedarme y me pasé allí varios años, la vida en el monasterio era muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado pero me gustaba y aprendí mucho, de cuando en cuando pasaba la caravana con mi familia, yo me alegraba de verlos pero el monasterio era ahora mi hogar había algo allí que me hacía sentir bien conmigo mismo, también recuerdo que allí todo lo hacían mirando las estrellas y el horóscopo.
“Y son las estrellas las que me avisaron que te esperara hoy aquí”
Pero un día llegó mi hermano solo y me explicó que nuestro padre estaba gravemente enfermo, él sólo no podía apañarse con la caravana así que le acompañé hasta Beijin y me volví con él.
“Te dije que te ibas demasiado pronto”
Ya pero no podía quedarme más, mi padre había muerto cuando llegamos, no podía dejar a mi familia tirada, después de eso seguí practicando en casa pero sin éxito
“Yo te observé en varias ocasiones por proyección astral, lo hacías muy bien y te faltaba poco, por suerte ahora lo tienes más fácil, tu actual estado te permite conseguirlo sin tener que ayunar varios días, simplemente déjate llevar”
Efectivamente, empezamos a levitar sin problema y bajamos a la tierra, aterrizamos en un bosque.
-¿Qué hacemos aquí? Si no hay nadie
-¿Cómo que no hay nadie? Fíjate y escucha
Le hice caso y al momento empecé a notar la presencia de muchos seres vivos: Pájaros, hormigas, gusanos y también árboles y plantas, también tienen “alma” y yo la podía sentir y si me concentraba en un ser concreto podía notar sus miedos, ilusiones, sufrimientos, etc.
Empecé con un pájaro que oía cantar, cantaba porque quería atraer a una hembra para aparearse pero se estaba haciendo de noche y era hora de buscar un buen sitio donde dormir, entonces se acurrucó en un pequeño hueco de un árbol para pasar la noche, estaba preocupado, ya tendría que haber encontrado pareja pero él fue el último en nacer de sus hermanos y siempre le caía menos comida cuando venían sus padres a darles de comer, por eso ahora era demasiado pequeño y las hembras preferían machos más grandes y fuertes por eso nunca lo escogían a él, pero no desfallecía y seguía insistiendo todos los días hasta conseguir una hembra que se fijase en él.
Después me centré en un conejo que aprovechando el frescor de la tarde había salido a comer hierba, andaba escogiendo la hierba que más le gustaba yo notaba como la saboreaba, de repente tuvo una sensación extraña, olía a muerte y unos ojos rojos comenzaron a correr hacia él ¡Era un lobo! Sentí su pánico, corría con todas sus fuerzas, si no llegaba a la madriguera antes que ese asesino lo alcanzara se lo comería, por suerte pudo refugiarse en unas zarzas y el lobo más grande que él se quedó fuera sin poder entrar, debería quedarse ahí escondido durante horas pero por lo menos había salvado la vida.
Entonces entré en la mente del asesino que, tenia hambre y se le acababa de escapar la cena por saltar demasiado pronto, ahora tendría que buscarla en otro sitio, hacía frío debería volver a su madriguera pero no había comido nada en todo el día y no estaba dispuesto a quedarse otro día sin comer.
Al continuar por el camino tuvo una sensación extraña, como si hubiera un humano cerca, se asustó y puso las orejas de punta pero ni aún así podía oír nada sin embargo le parecía que había un humano cerca y de hecho, tenia razón estaba menos de un metro de donde nosotros estábamos, sorprendentemente nos había sentido y yo podía notar su miedo.
Cuando se hubo ido Dai-yu me dijo:
-Bueno ya has visto como se hace, ya seguirás practicando esto que ahora no tenemos tiempo
-¿Tiempo? ¿Por qué?
-Porque pronto te despertarás y debo prepararte
-¿Prepararme para qué?
-¿Has oído hablar del fin del mundo?
-Sí, dicen que será el 21 de Diciembre ¿No?
-Sí y tú debes ayudar a crear el nuevo mundo
-¿Cómo?
-Ven, te lo enseñaré
Volvimos a la nube, me abrió su mente vi todo lo que había aprendido a través de todas sus vidas, como hacer la proyección astral, como influir en el cuerpo de una persona para sanarla y un montón de cosas más.
También vi el futuro que anunciaban las estrellas, o mejor dicho un futuro posible, unas revoluciones provocaban una enorme crisis energética, las gasolineras se quedaban sin combustible y sin gasolina se paraba el mundo moderno, las ciudades se quedaban sin luz, sin metro, etc.
China que se estaba postulando como la primera potencia mundial, ahí se producirá la guerra más cruenta y la mayor masacre, Rusia y su sector se postulará del lado del emperador y Estados Unidos y sus aliados del lado de los revolucionarios produciéndose la tercera guerra mundial.
-Tú eres el elegido para ser el profeta que evite la tercera guerra mundial y guíe a la humanidad en el nuevo mundo
-¿Y Cómo voy a ser yo capaz de evitar todo eso? Si ni siquiera pude conservar mi matrimonio
-Debes encontrar el camino
-Pero ¿No había alguien mejor que yo?
Se quedó parado cuando le pregunté eso, no sé por qué ya que era obvio que yo no era la persona más adecuada y por la cara que puso deduje que estaba de acuerdo conmigo en que eso de ser profeta me quedaba grande
-Las estrellas dicen que tú eres el elegido para evitar la destrucción total y guiar a los humanos en la reconstrucción, te guste o no, el destino de la humanidad está en tus manos de ti depende como será el mundo
-Prométeme que me ayudaras que estarás conmigo
-Está bien, te prometo que te ayudaré en lo que pueda y ahora debes bajar a la Tierra, debes despertar
Noté como me estiraba el cordón de plata que une mi alma con mi cuerpo y me atrajo hasta una habitación de hospital donde me tenían conectado a un montón de aparatos, alrededor mi madre y mi padre lloraban.
Me desperté dolorido y desconcertado, lo peor no era el dolor físico sino el peso de la responsabilidad, tenía una importante misión pero no tenía ni idea de como llevarla a cabo.
Mis padres se alegraron un montón de mi recuperación, me había pasado unos días en coma, sin embargo mi madre me notó algo raro.
-Dime hijo ¿qué te aflige?
-Mamá, he sido elegido para ser el profeta del siglo XXI y después del fin del mundo debo guiar a la humanidad por un nuevo sendero ¿Me ayudareis?
Mi madre se quedó muy seria, yo acababa de despertar y, sabía que era difícil de creer pero si no me creían mis padres ¿Quién me creería?
“No se lo deberías haber dicho así, ahora pensaran que estás loco”
-¿Y cómo se lo tendría que haber dicho?
“Tampoco necesitas hablar conmigo, estoy en tu mente, sólo piensa lo que me tienes que decir”
La verdad es que mis padres se pensaron que me había vuelto loco
-Es posible que su mente esté unos días un poco desconcertada pero de todas formas le haremos un escáner y lo mandaremos a ver al psicólogo – les dijo el médico
¿Cómo iba a conseguir que la humanidad entera me hiciera caso si mis propios padres pensaban que estaba loco?
Al día siguiente me recomendó el médico que empezara a andar y eso hice, entré en una habitación al final del pasillo.
“Ponle la mano en la frente”
Le puse la mano en la frente al anciano que estaba inconsciente y noté su dolor y su sufrimiento, también noté como sus células estaban descontroladas y se reproducían sin parar.
“Tiene cáncer y tú debes decirle a sus células que deben desaparecer o volver a hacer caso al código genético”
Lo hice y noté como empezaban a obedecer, esto era fantástico, el resto de la tarde me la pasé haciendo lo mismo por todo el hospital, me encantaba sentirme útil.
Al día siguiente se armó un gran revuelo en el hospital, un montón de enfermos se estaban recuperando milagrosamente, enfermos de alzehimer recuperaban funciones sin explicación ni ayuda externa su propio cuerpo empezaba a remitir la enfermedad, tumores cancerigenos hacían lo mismo, los médicos no sabían explicar a que se debía pero poco a poco vieron que todo estaba relacionado con un enfermo que se había pasado por todo el hospital haciéndoles imposición de manos a los demás enfermos.
Pronto se corrió la voz y centenares de enfermos de todas partes acudieron al hospital centenares de enfermos para ver si yo los podía curar, mientras los médicos me hacían un montón de pruebas para averiguar que tenía yo para poder curar a la gente.
Yo estaba muy contento, toda mi vida había sido un don nadie y ahora de repente todo el mundo me necesitaba y ni los médicos podían explicar porqué.
-“Está muy bien que cures enfermos pero tu misión es mucho más importante”
-Dai-yu debes entenderme, no me creo capaz de salvar el mundo, pero me conformo con curar unos cientos de personas
-“De ti depende no sólo que mueran millones de personas sino como vivirá la humanidad este siglo”
-Eso esta muy bien pero ¿Cómo lo hago?

sábado 31 de diciembre de 2011

El Fin del Mundo

La última alma humana entró y...
-Pedro ya puedes cerrar la puerta
- ¿Seguro que no queda ninguna alma que salvar?
-No, las hemos revisado todas y no queda ninguna que valga la pena
-¿Cómo ha dejado Él que Lucifer le gane la partida de esa manera?
-Muy fácil: Les dio libre albedrío ¿No? Pues ahora que paguen las consecuencías
-Y ahora qué piensa hacer ¿Otro diluvio?
-No, esta vez es el fin, el fin del mundo

jueves 29 de diciembre de 2011

El cementerio

Llegamos a Plassans con intención de pasar allí unas semanas, en aquellos tiempos las leyes nos obligaban a acampar en las afueras de los pueblos, luego entrábamos al pueblo a intentar ganarnos la vida, mi madre por ejemplo se dedicaba a leer la mano a los payos,  otros se dedicaban a tocar la guitarra o hacer malabarismos por unas monedas y el fin de semana montábamos un teatro de marionetas.
Las dos primeras semanas sacábamos bastante dinero pero luego la recaudación iba bajando, eso hacía que a las pocas semanas tuviéramos que viajar a otros pueblos.

Esta vez fuimos al Ejido de San Mittre, es una manzana de casas a las afueras de Plassans, fuimos a un descampado que había al final de la calle, unos primos que venían con nosotros lo habían utilizado otras veces, decían que era un buen sitio en medio de aquellas casas y no nos decían nada, estaba libre excepto por unas vigas de madera mal amontonadas que nos servían de leña, bueno las grandes no, pero los payos las cortaban allí a la medida que necesitaban antes de llevárselas  y los retales que dejaban nos servían a nosotros para calentarnos.

Como siempre hicimos un cercado para los caballos en un rincón pegado al callejón sin salida que había al otro lado del descampado y después hicimos un cuadrado con las carretas, usando la carreta como pared colgábamos unas lonas que hacían de tienda improvisada, ahí montábamos nuestro hogar y en el centro hacíamos el fuego que nos servía para calentarnos y para cocinar.
Resultaba curioso vivir al lado de las casas de los payos, verlos salir temprano a trabajar o ver a las mujeres pasar horas limpiando aquellas enormes casas, mi padre siempre se reía de ellos:
-“Los payos se pasan la vida trabajando pa'tener una casa enorme y ropa limpia”
Nosotros en cambio íbamos de pueblo en pueblo con nuestras carretas y con poco esfuerzo teníamos para comer, vestirnos y total, no necesitábamos más, pero yo a veces me preguntaba como sería tener una vida tan organizada como ellos o como seria dormir en una de esas casas hechas de piedra con tejados sólidos que no se movieran cuando hacía aire ni tienen goteras cuando llovía.

Nada más entrar en aquel sitio mi madre dijo tener una sensación extraña, yo también la tuve, como un escalofrío que me entraba por la espalda y me dejada fría por muy abrigada que estuviera, pero supuse que era por las enormes vigas:  Pensar que un día fueron árboles centenarios y los payos los habían cortado y pelado para hacer las vigas de sus  casas.
Por la noche, estábamos todos alrededor de la hoguera esperando que estuviera listo el puchero para cenar, los mayores andaban hablando de sus cosas cuando me sorprendió ver a una niña paya de pie con un camisón blanco, me acerqué hasta ella y le pregunté:
-¿Qué haces aquí?
-Estoy buscando a mis padres
-Pues aquí no están pero si quieres te acompaño a buscarlos
Estuve dando un paseo con la niña esa, Margarita me dijo que se llamaba pero no vimos a sus padres, cuando oí que mi madre me llamaba para cenar me despedí de ella y volví corriendo.
Por la noche oí un ruido y me desperté, me asomé a ver que era y vi que Margarita estaba paseando por en medio de las carretas.
-¿Qué haces? Como te vean te la vas a cargar
-¿Por qué?
-Como te vean paseando por en medio de las carretas
-Pero si esta es mi casa
-¿Ah si? ¿Y donde está tu cama?
-Ahí- dijo señalando la casa de al lado
-Pues vete a dormir que ya es hora
Observé como Margarita se acercaba hasta un rincón del descampado y me pareció que bajaba una escalera.
-¿Con quien hablas?
-Con Margarita, una paya que vive aquí al lado
Mi madre sacó la cabeza por debajo de la lona
-Pues si no hay nadie
-Ya, ya se ha ido
-Pues venga, haz tú lo mismo y no enredes más
-Mama ¿Por qué estás tan rara?
-Hay hija, es que este sitio me da mal fario
-Eso es porque no estamos acostumbrados a dormir tan cerca de los payos
-No te rías pero ese sitio tiene algo raro no me preguntes el qué
Al día siguiente vinieron unos niños a jugar donde las vigas de madera, cuando estaban todos sentados me acerqué a ver si veía a Margarita.
-Hola
-Hola
-¿Y Margarita?
Me miraron extrañados.
-¿Qué Margarita?
-Una chica morena de unos diez años que vive en esa casa, estuve hablando ayer con ella
-En esa casa vivo yo y no tengo ninguna hermana -Respondió uno de los niños
-Pues yo ayer estuve hablando con una niña, me dijo que se llamaba Margarita y que vivía ahí
Todos se me quedaron mirando extrañados como si lo que yo estaba diciendo fuera imposible.
-Yo vivo en esa casa y te puedo garantizar que no tengo ninguna hermana llamada Margarita
Me quedé extrañada, no parecía que estuvieran riéndose de mí, pero entonces ¿De donde era Margarita?
A la noche siguiente estábamos todos sentados alrededor del fuego, ya habíamos cenado cuando mi primo Juan sacó la guitarra, mi padre cantaba por bulería y los demás hacíamos palmas, de esa manera pasábamos el rato mientras se hacía la hora de ir a dormir.

Entonces la vi salir por el mismo sitio por donde había bajado la noche anterior, era evidente que había una escalera que bajaba a la casa donde vivía, me levanté y me acerqué hasta ella, llevaba el mismo camisón que la noche anterior y se dirigía a la calle.
-¿A donde vas?
-A buscar a mis padres
-¿Hoy también llegan tarde? Pues vaya ¿No?
-Si
-Pero mejor sería que los esperaras durmiendo en casa
-Es que...los hecho de menos
-No te preocupes, ves a dormir que ya vendrán
La convencí y aunque triste, se fue a dormir; Cuando volví al corro con mi familia mi madre me preguntó:
-”¿Ande'stabas?”
-En la calle, hablando con una niña
-¿A estas horas?
-Sí, ¿No la has visto?
-No
-Pues ha pasado por delante vuestro, la habéis tenido que ver
-Pues no, no la he visto
Por alguna razón no podía dejar de pensar en eso ¿Cómo era posible que hubiera pasado por delante de sus narices y no la hubiera visto? Sí que estaban entretenidos cantando pero una niña paseando de noche con un camisón blanco debería llamar su atención.
Estaba tan intrigada que al día siguiente pregunté a toda mi familia y ninguno la había visto, yo no entendía nada así que me acerqué hasta el punto donde estaba la entrada de su casa o su sótano o donde carajo viviera dispuesta a descubrir el embrollo.
No descubrí nada, ni puerta, ni nada, todo este asunto me estaba empezando a molestar un poco así que cogí una pala y empecé a cavar pensando descubrir una entrada secreta donde Margarita esperaba a sus padres pero parecía no haber nada.
Ya llevaba un rato cavando, no sé porqué pero no podía parar, estaba demasiado obsesionada o algo me impedía darme por vencida, fue entonces cuando me encontré una piedra que me llamó la atención, hasta el momento las que me había encontrado eran pequeñas, grises y puntiagudas, en cambio esta era muy grande, blanca y completamente redonda, le metí la punta de la pala por debajo e hice palanca para sacarla, fue entonces se giró y yo me caí de culo del susto, la piedra rodó un poco y se quedó del revés: Era un cráneo y los huecos de los ojos parecían que mirarme.

Supe que era Margarita, no por su tamaño, que también, lo supe cuando aquella calavera me miró a los ojos, fui corriendo a buscar a mi padre que avisó al alguacil, el hombre se reía de nosotros pero vinieron y desenterraron el esqueleto de un niño.

-Es que, hace muchos años esto fue un cementerio, lo excavaron todo buscando restos humanos y los trasladaron a una fosa en el nuevo cementerio pero este niño o niña se debió quedar, pero no os preocupéis sólo Dios sabe cuantos años llevará enterrado, esta tarde lo llevaremos al nuevo cementerio.
A pesar de eso ninguno de nosotros quiso quedarse, no podíamos entender como ese terreno había sido un cementerio y  nadie nos hubiera advertido. Ese mismo día nos trasladamos a fuera del Ejido de San Mitre para estar como siempre, alejados de los payos.
Por la noche mientras dormía soñé que estaba en una casa de payos, había una alfombra en el suelo y hacía calor, de hecho todo era cálido, la madera de la paredes, el color del techo incluso la luz que daban las lamparas de petroleo.

Me acerqué hasta una chimenea que había  encendida y delante del fuego sentados en un sofá una niña se abrazaba a sus padres, yo me quedé de pie delante del fuego mientras ellos se abrazaban y se daban besos como si llevaran meses sin verse.

La niña se giró al verme, era Margarita, se le levantó del sofá y se me acercó un momento a decirme:
-Gracias por ayudarme a encontrar a mis padres
Y luego se volvió con ellos.

miércoles 14 de diciembre de 2011

La casa de la bruja

“Toc, toc”
-¿Hay alguien?
Llamé otra vez pero nadie contestó, me tendría que esperar y pensaba: “¡Mecachis! Por culpa de ese estúpido de Jorge voy a llegar tarde y mi madre se enfadará conmigo, ya verás mañana cuando lo vea en clase se va a enterar, esta vez se ha pasado con la broma”.
“Toc, toc”
-¡Buenas! ¿Hay alguien?
Me estaba poniendo nerviosa, el corazón se me estaba acelerando, se me hacía tarde y sabia que mi madre me regañaría, siempre se preocupaba en exceso en cuanto me demoraba un poco pero por nada del mundo me quería ir sin mi muñeca y seguía esperando en la puerta mientras pensaba en Jorge y como se lo haría pagar mañana.
Me acerqué entonces hasta la ventana por donde Jorge había lanzado mi muñeca dentro de aquella casa, en cuanto me asomé me sorprendieron la multitud de olores que salían de aquella casa, sobretodo de hierbas: Tomillo, manzanilla y menta eran las que yo reconocía, también a carne seca ya que unos embutidos de extrañas formas colgaban dentro de casa, miré el interior alucinada y era increíble, desde luego eran verdad los rumores: la mujer que vivía en esa casa era una bruja. No se veía un hueco en la pared sin estantería, no había un palmo de estantería vacío, cerca de la ventana había un bote bastante grande con un dedo de agua y tres ranas que no paraban de croar provocando así un ruido de fondo constante.
Pensé que podrían ser tres princesas que la bruja las había transformado en ranas, en los cuentos siempre pasaba eso y aunque yo no era ninguna princesa no quería acabar siendo otra rana más. No muy lejos de ahí, en una jaula habían cuatro ratoncillos blancos intentando esconderse los cuatro dentro de una caja de cerillas que tenían como único mobiliario.
En la estantería de arriba habían colgados dos pellejos de serpiente además de multitud de cosas que yo no era capaz de adivinar qué eran aunque los recorría con la mirada uno a uno intentando averiguar que eran pero no los había visto en mi vida.
Entonces oí un ruido que venía de otra habitación y pensé que podía ser aquella mujer que estaba durmiendo la siesta y se despertaba por fin, me sentí un poco aliviada, si me daba la muñeca rápido no llegaría demasiado tarde a casa.
-Hola ¿Qué hay alguien?
Un gato negro precioso fue el único que vino a contestarme.
-Miiiaaaau
Nunca sabré si me quiso decir que no o que su dueña no tardaría en volver pero me pareció un maullido de lo más expresivo, se me quedó mirando unos instantes en silencio como esperando una respuesta y luego se fue a oler mi muñeca que había caído en el suelo, me sorprendió que con tantas cosas que había en aquella casa le diera por oler mi muñeca, pensé perpleja: ¿A qué olerá? Supongo que ya se conocía todos los demás olores o quizás quería comprobar si era mía.
Me decidí a dar un salto, entrar y cogerla, estaba muy nerviosa puesto que me daba mucho miedo pero si lo hacía rápido nadie me vería y podría salir pitando de aquella casa pero cuando me subí al alfeizar de la ventana el corazón parecía que el gato me bufó como amenazándome y se fue corriendo con mi muñeca en la boca.
Yo me quedé ahí sentada indecisa, pensativa ¿Qué hacer? No podía entrar y perseguir al gato por toda la casa, observé entonces a los ratones que no habían perdido detalle de los movimientos del minino y ahora me miraban como felicitándome por haber conseguido que marchara.
-¿Se puede saber que haces en mi ventana?
Pegué un bote y el corazón casi se me sale por la boca, me giré y me estaba mirando una señora no muy mayor, debía tener unos treinta años morena de ojos negros con una nariz alargada pero dentro de lo normal no la típica nariz picuda que les dibujan a las brujas, los labios eran finos y los tenía muy apretados, llevaba un vestido también negro, un pañuelo en la cabeza y un delantal amarillo de rayas bastante manchado de hierba verde que hacia contraste con el vestido, llevaba un montón de romero recién cortado en un cesto, lo supe por qué olía mucho y se mezclaba con el olor a sudor que desprendía, estaba firme delate mío con los brazos en jarra y cara de pocos amigos.
-Perdón señora pero unos chicos me tiraron mi muñeca dentro de su casa
-Y ¿Por qué?
-Se estaban riendo de Manuel porque no anda bien y yo salí a defenderlo, entonces la tomaron conmigo, me quitaron mi muñeca y la tiraron lejos, con tan mala suerte que se coló por su ventana
Cuando oyó eso tomó aire, cerró los ojos un momento y dio un suspiro fuerte, después suavizó un poco el ceño fruncido.
-Esta bien, pero será mejor que entremos por la puerta ¿No te parece?
-Sí, sí, claro, lo siento señora pero es que le tengo mucho cariño a mi muñeca, es de trapo con ojos de botones, me la hizo mi madre cuando yo era pequeña y no sabría dormir sin ella
-Y ¿Dices que se coló por la ventana o la tiró a propósito?
-Fue pura casualidad
Entonces se giró muy seria y dijo:
-Las casualidades no existen
Yo me quedé petrificada, si me hubiera hechizado con la mirada no me habría quedado más quieta, mientras ella me mirada de arriba a abajo muy fijamente, yo notaba como su mirada traspasaba mi ropa, sentía que podía verme desnuda y que no se quedaba ahí, taspasaba también mi piel y observaba mi interior como buscando una respuesta, buscaba algo concreto, no tengo ni idea de qué era pero debió encontrarlo porque de repente el gesto de su cara cambió y se volvió más amable.
-¿Has visto donde ha caído?
-Sí, pero...
-Pero ¿Qué?
-El gato la cogió y se la llevó, lo juro
Esperaba que se quedara sorprendida incluso que dudara de mi versión, una niña extraña que afirma que su gato se llevó una muñeca, hasta a mí me costaba creerlo pero ni se inmutó, entramos y estaba muy oscuro, yo estaba paralizada y me daba miedo hasta respirar, no me atreví a moverme hasta que encendió una vela que no alumbraba gran cosa pero suficiente para divisar el pasillo por el que tenia que ir hasta el comedor.
No sé porqué no quiso abrir más ventanas para que entrara luz, quizás porque estaba atardeciendo y el sol se apagaba por momentos pero podría haber encendido las lámparas de petróleo que hubieran dado mucha más luz que la triste vela, puede que para no perder tiempo o quizás porque no quería que yo me fijara mucho en el contenido de la casa y todas las cosas raras que en ella habían, esta era una manera de que yo viera lo justo.
-Sobretodo no toques nada
No hacía falta que me lo dijera ella, yo estaba muy asustada me daba miedo hasta respirar y el corazón me iba a 200 por minuto, esa penumbra en un sitio extraño, saberme envuelta de tantas cosas raras me daba un miedo horrible y sobretodo los olores me abrumaban, a pesar de estar la ventana abierta olía a cerrado, los animales que allí habían aportaban un tono nauseabundo al olor de las hierbas y hacían un cóctel muy fuerte que te envolvía como un manto invisible.
-¡Gargamel!
Al momento apareció el gato y contestó con un “¿miau?” que parecía querer decir “¿Qué quieres?”
-¿Tú te has llevado la muñeca de esta chica?
-Mooou
-¿Cómo que no? ¡No me engañes! ¡Eh!
-Miaaaaau
-Venga va, no repliques y tráeme la muñeca
Yo observé incrédula toda la conversación por qué había sido eso: Una conversación en la que hasta yo había podido darme cuenta de lo que contestaba el gato simplemente con la entonación de los maullidos.
-¿Es un gato de verdad?
-¡Claro! ¿Qué te pensabas?
-Nunca había visto un gato contestar así
-Bueno es que Gargamel en muy contestón
Mientras volvía el gato sacó un tarro con unos polvos y le pasó la mano por encima.
-Mira esto es polen de mandrágora y las personas que poseemos magia lo atraemos como un imán
Efectivamente la mano se le quedó impregnada de polen sin haberlo tocado, acto seguido me hizo pasar a mí la mano por encima y prácticamente todo el polen se pegó a mi mano produciéndome una extraña sensación, yo intenté despegarlo con la otra mano pero se pegaba de una a otra, sentí pánico y me puse a chillar, entonces ella me agarró y con un trapo me limpió las manos.
-Tranquila, no pasa nada, no te asustes
-¿Qué ha pasado? ¿Qué significa eso?
-Significa que tú también tienes magia dentro, y mucha
-O sea, ¿Qué soy una bruja?
Entonces se rió y dijo:
-Nadie nace bruja, quiere decir que podrías ser una bruja y muy buena
En cuanto el gato me hubo devuelto la muñeca salí corriendo casi sin despedirme de aquella casa tan extraña aunque me dijo que podía volver cuando quisiera no pensaba volver a acercarme.
Cuando llegaba a casa estaba oscureciendo por momentos, mi madre había salido a buscarme camino abajo, andaba cubierta con una capa, alumbrándose con un farol y llamándome a gritos, parecía un alma en pena que vagaba por el bosque preguntado por su hija cuando la vi me hizo mucha gracia,y no pude parar de reírme.
Eso hizo que se enfadara todavía más conmigo:
-Encima te ríes ¿Te parece divertido llegar tan tarde?
-No mamá, lo siento pero unos niños me entretuvieron
-Venga vamos, las explicaciones en casa

martes 6 de diciembre de 2011

Caroline


-Esta bien, toda tu vida he rezado a los dioses para que no llegara este momento pero tienes razón, es verdad lo que te han dicho: Tu madre se llamaba Caroline y era mi hija por lo que yo en realidad soy tu abuela, ciertamente os parecéis mucho. Ella también era rubia de ojos azules con tu misma nariz chata y tu sonrisa picarona, diría que eres su vivo retrato. A tu madre igual que a ti le encantaba la magia desde pequeñita solo que a ella nunca se lo prohibí porque entonces pensaba que no había nada malo en ello, incluso cuando se convirtió en bruja yo me alegré; recogía hierbas para preparar medicinas que curaran la gripe o el dolor de estomago de algún vecino, eso hacía que me sintiera orgullosa de ella.
-Pero todo cambió cuando conoció a Philip, era un chico alto, de pelo castaño y mirada tierna, era un mago que vino al pueblo a ayudarnos con un dragón que se comía nuestras ovejas y también algún pastor, tu madre se enamoró locamente de él. Todavía recuerdo como le brillaban las pupilas cuando lo miraba, pronto fueron novios, él era un chico muy atento siempre la complacía en todo y nos ayudaba a nosotros en las cosas del huerto y los animales, un día vino a casa con un anillo y le pidió la mano de Caroline a tu padre, perdón a tu abuelo que por supuesto aceptó, no se imaginaba que otro pudiera hacerla más feliz.
-Ya tenían puesta la fecha de la boda y todo cuando un día discutieron no me preguntes porqué, tu madre nunca me lo quiso explicar, pero la cuestión es que se pelearon entonces él la quemó y se marchó para siempre, desde entonces su corazón no llego a superar su perdida. Creo que nunca más la vi sonreír, bueno puede que sí pero una sonrisa fría muy diferente, nada que ver con la sonrisa de felicidad que tenia cuando estaba a su lado, su alma se volvió fría y rencorosa
-Y eso no fue lo peor, esta mal que lo diga yo que soy su madre pero Caroline era la chica más guapa del pueblo hasta que Philip le desfiguró la cara, ella trabajaba de camarera en la taberna, le encantaba trabajar allí porque trataba con los vecinos y amigos. Pero en cuanto el dueño la vió llegar con su nuevo aspecto la despidió, le dijo que sentía mucho lo que le había pasado pero que él tenia que mirar por su negocio y así le espantaría a la clientela. Ella no pudo soportar esa injusticia y le hizo un hechizo para que la volviera a contratar, ahí fue donde traspasó la barrera que no debe pasar nunca una bruja, al principio sólo quería volver a trabajar en la taberna pero luego la tentación era muy fuerte y poco a poco empezó a aprovecharse de él, se iba del trabajo cuando quería y hacía lo que le daba la gana así empezó a volverse mala
-Pero el dueño tenía razón: Su aspecto incomodaba a los clientes, aunque no le decían nada, no soportaba como la miraban, a ella siempre le había gustado hacer bromas y charlar con la gente y ahora no podía aguantar el rechazo educado a que la sometían y hechizó también a los clientes de la taberna ¡Sólo quería que todos volviera a ser como antes! Pero una bruja nunca debe aprovecharse de sus amigos
-Yo le decía eso una y otra vez, que no estaba bien lo que hacia, que los dejara libres del hechizo pero no me hacia caso, hasta que un día me dijo: “Al final tendré que hacerte lo mismo para que me dejes en paz” entonces la miré a los ojos, estaba muy seria, yo buscaba si quedaba algo de aquella hija buena e inocente que yo había criado pero vi en sus ojos que no quedaba nada y que tenia delante una bruja mezquina muy capaz de hacernos lo mismo y esa misma noche cogímos las cuatro cosas que pudimos cargar y huimos contigo, tu madre se había vuelto perversa y yo no quería que te criara un monstruo y ella lo era más por dentro que por fuera.
-Sé lo que estás pensando, lo veo en tu mirada, supongo que le sentaría muy mal nuestra marcha pero no me importa, aunque no te lo creas yo también sé algo de brujería e hice un hechizo para que no pudiera encontrarnos y para que no supieras nunca de su existencia te criamos como si fueras nuestra hija, pensé que así tenia una segunda oportunidad para corregir los errores que cometí con tu madre, pensé que si conseguía hacer que tú pasaras de la magia y fueras una buena chica, rectificaría el error que cometí con tu madre
-Por eso te he prohibido siempre que veas a aquella bruja y que tengas nada que ver con hechizos y conjuros, toda la vida he intentado hacer lo posible por alejarte de la magia, quería que fueras una niña normal con una vida normal, quería que fueras todo lo que tu madre no pudo ser
-Y sí, a veces me pregunto que habrá sido de ella pero prefiero no saberlo porque me imagino que nada bueno, a las brujas malas como ella las queman en la hoguera ¿sabes? Aunque seguramente ella se libró, prueba de ello es que se te aparezca en sueños pidiéndote ayuda
-Seguramente la pillarían y ahora debe estar pudriéndose en alguna mazmorra o seguramente probando su propia medicina bajo sabe dios que hechizo, pero no se te ocurra ir a ayudarla sólo te creará problemas y todo lo que le ha podido pasar se lo ha buscado, debes ignorar esos sueños.

domingo 27 de noviembre de 2011

El heavy de las botas camperas


Recuerdo que una vez de niño iba con mi amigo Pedro, era mi vecino y mi compañero de travesuras, era un poco más alto que yo, moreno de ojos marrones y gesto de niño malo aunque supongo que yo también, entonces debíamos de tener unos 9 o 10 años, éramos de la misma edad, bueno él era un mes mayor que yo.

Aquel día fuimos hasta una casa abandonada, en realidad era un chalet hecho de ladrillo de nuestra urbanización donde no vivía nadie, podía estar descuidado, necesitar una mano de pintura o una buena limpieza en el jardín pero no era la típica casa abandonada con puertas y ventanas rotas.

La casa estaba bien cerrada con puertas, rejas en las ventanas, pero separado de la casa, pegado a la valla exterior, había un pequeño garaje con entrada desde la calle sin duda para aparcar el coche, carecía de rejas en las ventanas, quizás porque no guardaban cosas de valor, quizás porque las ventanas eran pequeñas, las típicas correderas alargadas que se ponen en los garajes pegadas al techo para que entre luz pero que no tienen altura suficiente para poder ver a través de ellas ni mucho menos para entrar un ladrón aunque sí dos niños pequeños.

Nos colamos como lagartijas y vimos que dentro estaba lleno de herramientas de la construcción: palas, rastrillos, puntales, etc. Un adulto pensaría que se trataba de chatarra inútil guardada por algún paleta esperando el día que le hicieran falta, pero nosotros habíamos encontrado el tesoro de Alí Babá.

Los mangos eran espadas, los taladros pistolas y las paletas… Ahora ya no me acuerdo lo que eran, estábamos jugando con nuestro tesoro cuando oímos un ruido “tic, toc”, sin duda alguna eran golpes en el tejado de uralita, esos golpes sólo podían ser producidos por alguien andando por encima.

Y no podían ser producidos por nuestras zapatillas deportivas, para hacer ese ruido tenían que ser un calzado de suela dura como unas botas camperas ¿Quién podía llevar ese calzado?

En mi barrio sólo una clase de gente llevaban esas botas: Los heavys, rápidamente imaginamos un chaval joven de pelo largo con tejanos elásticos, camiseta de Iron Maiden y chaqueta de cuero, debía ser alto por el tipo de sonido, en resumen un tipo duro capaz de dar una paliza a esos dos niños que se habían colado en su almacén.

Claro que una señora con zapatos de tacón incapaz de correr detrás nuestro también podía haber hecho un ruido parecido o un anciano que llevara unos zapatos de claque, en cambio un pirata con pata de palo no, entonces no se oiría “tic, toc” sino un “toc” solamente.

Pero no nos imaginábamos a una señora rubia teñida con zapatos de tacón, minifalda, blusa con escote y labios pintados subida al tejado de un garaje ni a un hombre mayor con zapatos de claque vestido como Frank Sinatra y dispuesto a bailar “Cantando bajo la lluvia” sobre la uralita, nosotros veíamos a un heavy con botas camperas y mala leche.

Nos escondimos debajo de una hormigonera esperando que el tipo asomara por la ventana o abriera la puerta y entrara pero no, ni siquiera dijo algo como: “Al ladrón, al ladrón” o “¿Quien anda ahí?”

No dijo nada, se limitaba a dar vueltas por la uralita de un lado a otro, una veces más rápido, otras veces más despacio pero siempre daba dos pasos que sonaban “tic, toc”.

Permanecimos bastante rato agazapados debajo de aquella hormigonera inmóviles y completamente callados hasta que sin saber porqué, paró y nos quedamos en silencio, un silencio absoluto casi tangible, era posible que se hubiera escondido y nos estuviera esperando a la salida pero tampoco podíamos quedarnos escondidos todo el día, por otro lado también cabía la posibilidad que hubiera ido a buscar las llaves del garaje para entrar y pillarnos, entonces era el momento de intentar escapar sin ser vistos.

Fuimos hasta la ventana sin hacer ruido, nos asomamos y no se veía a nadie, salimos temerosos de estar cayendo en una trampa pero nadie salió de detrás de ningún árbol, no se veía ni un alma.

Estábamos a punto de marcharnos cuando volvimos a oír el “tic, toc”, por el lado donde nosotros salimos, el terreno estaba como un metro más alto que el suelo del garaje lo que nos permitía observar perfectamente toda la superficie de uralita del tejado y ningún heavy cabreado ni nadie caminaba por encima.

Recordé que en el interior había una moto de campo vieja, era posible que un motorista hubiera muerto con ella y el fantasma paseara por el tejado con sus botas de motero buscando la moto que lo mandó al otro barrio, parecía imposible pero alguien golpeaba la uralita y nosotros no veíamos quien.

Seguimos el sonido y por fin encontramos la causa, el voladizo de uralita tenia un roto, un pequeño bocado en la línea del tejado casi perfecta, pequeño no más grande que un puño, seguramente una pedrada o quizás un descuido del paleta que colocó la uralita del tejado, no tenia ninguna importancia pues estaba fuera de la pared del garaje como para provocar una gotera.

Pero el garaje lo rodeaban una hilera de cipreses que chocaban con el voladizo, un error sin duda de un jardinero amateur que los plantó demasiado cerca porque no pensó que algún día crecerían y superarían con creces la altura del tejado.

Uno de ellos había quedado atrapado en el roto, cuando hacía viento, el aire empujaba los cipreses y éste chocaba contra un lado de roto “tic”, en cuanto cesaba la ráfaga volvía a su sitio produciendo otro golpe “toc”.

Miramos durante un rato el ciprés incapaces de creer que ese fuera el heavy que nos iba a dar una paliza, tanto susto, tanto miedo, tanto rato escondidos y era un simple árbol chocando contra la uralita, nadie más apareció, ni heavy cabreado, ni señora con zapatos de tacón ni el hombre vestido de Frank Sinatra, estábamos completamente solos.

Nos fijamos entonces en el árbol, había perdido la corteza y la uralita lo seguía cortando lentamente, golpe a golpe, prueba inequívoca de que llevaba mucho tiempo ahí sufriendo.

Decidimos ayudarlo a pesar del mal rato que nos había hecho pasar, lo sacamos del hueco y lo desplazamos un poco para que otro golpe de aire no lo volviera a meter en el roto.

Ahora después de tantos años, pienso que es posible que el ciprés nos mandara un grito de auxilio como pudo cuando vio a los únicos que podían salvarlo de la trampa mortal en la que se encontraba.