viernes, 24 de septiembre de 2010

Historia de Phoenix III

Entramos, el interior de la cueva el áspecto era dantesco, una jaula con ratas se encontraba al lado de una montaña de esqueletos y demás restos de basura, el olor resultaba insoportable; al otro lado unas pieles que debían ser lo que usaban para dormir y, efectivamente la reina de las hadas se hallaba metida en una jaula al fondo de la cueva colgada del techo.

-¡VES! ¡Ahí la tienen encerrada!

Grito Yanira mientras volaba hacía la jaula, de repente otra jaula más grande me cayó encima y me dejo encerrado.

-Pero ¿Que es esto? Como podéis ser tan estúpidos, mi promesa me impedía intervenir pero ahora la habéis cagado

Lancé una llamarada para fundir los barrotes de la jaula pero estos ni se inmutaron, eso es imposible nací en el interior de un volcán donde todo se derrite y mi fuego es igual de poderoso, nunca en mis cientos de años había visto ni metal ni piedra que no se fundiera a mi fuego y tampoco podía volcar la jaula.

-Quee, ¿Quien es el estúpido? ¿Quien la ha cagado? Has caído en nuestra trampa y nos has traído otra hada para el banquete

-¿Pero es imposible?

-Es una jaula mágica, nada puede destruirla, tampoco puedes moverla desde dentro ni con la fuerza de 100 hombres, forma parte del hechizo.

Efectivamente, ni mi fuerza ni mi fuego le hacían nada, por primera vez en mi vida me sentía impotente, en cierta ocasión un cazador me capturó, localizó la guarida donde dormía y aprovechó mientras estaba dormido; luego me desperté en su cabaña dentro de una jaula pero con mi fuego quemé la jaula, la cabaña y a punto estuvo de morir el cazador, aunque las quemaduras que le dejé le quitaron las ganas de intentar cazarme otra vez.

Me sentía muy mal sobretodo por Yanira, le había dicho que confiara en mi y eso le iba a costar la vida, andaba revoloteando de un lado a otro mientras los trols la perseguían.

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