Sulaba, la hija del fuego

Esta será la portada casi seguro.

Sulaba es una chica muy especial que vive apartada del mundo. Desde siempre ha sabido que era diferente a los demás, no sólo por su larga melena pelirroja, también por sus habilidades especiales. Sabe que sus padres le ocultan algo y va investigando hasta descubrir la verdad, por qué se llama “la hija del fuego”.
Cuando por fin lo descubre decide ayudar a su madre en contra de la opinión de todos y empieza una trepidante aventura donde no sabes quienes son los buenos o los malos ¿De qué lado te pondrás tú?
“Sulaba, la hija del fuego” es una novela fantástica donde brujas se enfrentan a bandidos, dragones y un ave fénix o quizás sea una historia donde unos padres divorciados se pelean por su hija y es ella la que debe decidir ¿A quién quieres más?
Supongo que un poco las dos cosas. Así se produce una relación amor-odio.

Bueno, para que os hagáis una idea es pongo en principio de la novela.


Mientras todos bebían y cantaban, yo me alejé de la multitud. Habían puesto un barril de vino encima de aquella mesa improvisada con cuatro maderas y bebían alegremente. Hasta Marie, que siempre estaba triste, hoy se reía. Todos celebraban muy contentos haberse librado de la bruja malvada. Alguien empezó a tocar música con un laúd y la gente empezó a cantar y a bailar.
Aldo recibía felicitaciones por doquier, era el héroe que había ayudado a detener a la bruja ¿Quién lo iba a decir?
Yo era el centro de toda la fiesta y de todos los brindis. A mí me felicitaban y me juraban eterno agradecimiento ¡Claro! Yo era el mago que se había deshecho de la malvada bruja. Todas las chicas del pueblo querían bailar conmigo pero a la única que no fui capaz de decirle que no, fue a Marie.
Estaba contenta y sonriente. Habían quedado en el olvido todos aquellos malos ratos. Sentí un poco de envidia pues yo estaba muy triste y no me apetecía celebrar nada, no podía dejar de pensar.
Después de bailar un rato, salí del bullicio de la plaza envuelto en mis pensamientos y no sé cómo, pero acabé delante de su estatua. Pensé que quizás un hechizo le salió mal y ennegreció su corazón. También me preguntaba qué parte de culpa tenía yo, qué podía haber hecho yo para evitarlo.
La estatua no decía nada pero su rostro tenía una expresión de odio que daba miedo, añadido a su aspecto repleto de quemaduras hacía que se te helara el corazón al mirarla. Me la quedé mirando un rato mientras pensaba. En esas llegó Selina.¿Qué haces? ¿Has venido a despedirte?
Esbocé una pequeña sonrisa con su gracia.Quizás sí, no puedo dejar de pensar que yo tengo tanta culpa como ella.No te amargues la vida. Tú no tienes la culpa de nada. Cualquiera en tu lugar hubiera hecho lo mismo.No puedo dejar de pensar, que si las cosas hubieran ido de otra manera... Quien sabe cómo habríamos acabado. No puedo dejar de preguntarme si hubiéramos podido llegar a ser felices juntos.Eso no lo sabrás nunca pero yo creo que no, tú no estás hecho para vivir en una granja con mujer e hijos. Eres un aventurero… Y un solitario.Pero yo la quería y ella a mí ¡En fin! Como tú dices eso no lo sabremos nunca.¿Te vas ya?Sí, quiero encontrar a mi hija cuanto antes.
Selina suspiró.Lamento no poder ayudarte pero el péndulo no me dice nada. Deben estar escondidos Selina apretó los labios y muy bien.No me importa. Los encontraré.
Antes de marchar, lancé una última mirada a la estatua y me acongojó la expresión de odio de su rostro, lo que yo no sabía entonces es que la estatua también me miraba a mí y me odiaba mucho más de lo que la expresión de su cara podía llegar a reflejar.
Entonces me marché pensando en no volver jamás a ese pueblo olvidado en las montañas donde había pasado tantos malos ratos pero también una gran historia de amor.






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