jueves, 30 de junio de 2011

Diario de un enfermo X


Allí te despiertas totalmente de la anestesia, y empiezas a probar las funciones que dijeron podrían verse afectadas, hablas aunque sin formar mucho la voz, pruebas de tragar aunque sin nada que tragar.

En esa sala pasé unas horas, perdido mirando al techo, bueno entró mi madre a verme aunque no pudimos hablar mucho, bueno casi nada ya que se había dejado el sonotone y yo no podía gritar, con lo cual, fue una conversación un poco complicada.

Tampoco se quedó mucho tiempo conmigo, ya que dijo que la bata que le habían puesto de plástico le daba mucho calor, entonces me volví a quedar dolo, mirando al techo, con miedo a hablar y a mover la cabeza.

Entonces pasó mi prima a verme, trabaja en el hospital por lo que no tuvo ningún problema para entrar y charlar un rato.

Por fin, me subieron arriba, donde quedaba prepararme para pasar la noche ya que me habían dicho que debía dormir boca arriba y sin almohada y yo siempre duermo de lado con dos almohadas.

Luego me preocupaban las posibles molestias, las heridas aunque me porté bien ya que no me moví de la cama a pesar de tener permiso del médico.

miércoles, 29 de junio de 2011

Diario de un enfermo IX


Martes

El día de la operación te levantas extraño, un letrero en tu mesita de noche recuerda a todo el mundo que no te den ni comida ni agua, pasaron los médicos pronto para saludar, también te advierten de le posibilidad de que la operación anterior se complique y te quedes en ayunas hasta tarde o, haya que dejarla para otro día.

Ese recuerdo de los peores ratos, esa incertidumbre de cuando vendrán a por ti, de que pasará si algo sale mal, porque puede salir, piensas en cosas que no has hecho, entre el testamento.

Por fin, llegó el momento en que el celador vino a buscarme para llevarme a la antesala, un trozo de pasillo donde los familiares se amontaban esperando que salga alguien vestido de verde a decirles “como ha ido”.

Una vez dentro, te cambian de tu cómoda cama a una camilla de quirófano y entre tres celadores y cuatro en enfermeras te van preparando para la operación

Reconozco que esperaba la entrevista con el anestesista, ya que suelo leer el blog de la doctora Jomeini y cuenta muchas anécdotas de dichas entrevistas pero no se produjo nunca, mi anestesista se presentó cuando ya estaba en el quirófano y únicamente me dio una hoja para firmar que no pude ni ojear.

Pero bueno, enseguida me dormí y al momento (por lo menos me pareció a mi) empecé a despertarme, oía a dos enfermeras hablando de irse de viaje a Mallorca, o quizás a Menorca, yo pensé: “Aquí preparándome para la operación y hablando de las vacaciones” entonces examiné mentalmente mi garganta y me di cuenta que la operación ya había concluido.

Que mi dolor de cabeza debía ser sin duda, ese que tanto dicen de después de una anestesia total, y pensé: “Pues no es para tanto, hay días que me he levantado de resaca mucho peor”, poco a poco volvía a la consciencia y reconocí al médico:

-Hola ¿Como ha ido todo?
-Muy bien, te las hemos operado las dos sin ningún problema -contestó Él, un poco sorprendido por mi pregunta y se fue, creo que ha hablar con mi familia

El rato después lo pasé bastante mal, dentro del quirófano sin poderte mover, los brazos se me caían ya que la camilla únicamente cogía el cuerpo y los reposabrazos que montaron antes de operarme habían desaparecido.

Cuando por fin hubo sitio para mi en el REA me sacaron del quirófano y me dejaron en mi cama, el REA es una sección intermedia, te tienen por decirlo de alguna manera en observación, una maquina te mira las pulsaciones, otra te mide la tensión cada diez minutos, el nivel de oxigeno en sangre, etc. De esa manera te tienen vigilado si hubiera algún inconveniente, pero es muy, muy aburrido.

martes, 28 de junio de 2011

Diario de un enfermo VIII

Lunes


A la mañana siguiente me despertó una enfermera que entró muy temprano en la habitación, venía a prepararle la cama al que iba ser mi improvisado compañero de habitación. Él, llegó más tarde, un hombre más mayor que yo pero tampoco anciano, llegó acompañado de su mujer y, supongo que un hijo, luego le vinieron todo el cumulo de visitas a darle animos.

En esas, llegaron los médicos que me operaran, dos chicos bastante jóvenes de pelo corto, uno alto y delgado y otro algo más bajito y menos delgado; se presentaron y poco más, preguntaron por la autorización, los vi más serios que el otro chico pero también parecían más profesionales  aunque es mejor no pensar en eso.

Al rato volvió uno de ellos con dicha autorización para que la firmara.

-¿La puedo leer?
-Vale pues que la dejo y luego se la das a la enfermera

En la autorización ponía más o menos lo mismo que me había explicado el médico, un poco más detallado y siempre con el % con el que siempre trabajan los médicos.

La estadística es la peor de las ciencias, sobretodo aplicada a la medicina, porque miras y dices: “Hay un 3% de quedarme invalido, bueno a mi no me va a tocar” claro pero hay alguien a quien le toca “Joder, de cien que somos, me tiene que tocar a mi” pues sí, en algún hospital alguien lo dice.

También ponía que, en caso de surgir cualquier inconveniente durante el proceso, todo el personal haría cuanto estuviese es su mano para solventar de la mejor manera para mi salud, es un consuelo.
 Después se llevaron a mi compañero a operar y me quedé solo otra vez aunque luego vinieron visitas a verme mi suegra, mi novia, mi cuñada etc. coincidieron mi suegro y mi madre, que no se conocían  y también ¡Sorpresa!  Un viejo amigo que hacía tiempo que no veía.

-¿Como tú por aquí?
-¿Que pasa? ¿No puedo venir a verte?
-Claro que sí, ¿por qué no ibas a poder venir?

Bueno estuvimos un rato charlando y luego vino otra vez mi novia y mis hijos.

lunes, 27 de junio de 2011

Diario de un enfermo VIII

Domingo

El domingo, pues igual que el Sábado, desayuno, ducha, etc. Aunque volvió a pasar el médico.

-Hola, ayer pasé pero estabas durmiendo y no te quise despertar
-Pues vaya

Bueno, hablamos un rato y pero no me dijo nada interesante que no me hubiera dicho ya, bueno no os he comentado que no tengo una, que tengo dos, aunque la otra todavía no sé si me la hubiera operaran o no, eso depende de lo que opine el médico en el quirófano.

Por la tarde tuve muchas visitas, bueno todos los días he tenido muchas pero el domingo estuvimos toda la tarde de tertulia que parecía más la tasca del barrio que una habitación de hospital , hasta el punto que cuando rozaban la doce los tuve casi que echar.

Una vez se fueron quise aprovechar para seguir con el portátil pero no me apetecía así que leí un poco, no tenia sueño pero tumbé un rato y, por fin me pude dormir hasta la mañana siguiente.

domingo, 26 de junio de 2011

Diario de un enfermo VII


Sábado

A la Mañana siguiente de bien temprano, aunque a mi me daba igual la hora, pasó toda una procesión de enfermeras, asistentas y demás categorías que desconozco ya que, al contrario que en el ejercito aquí todas llevan el mismo uniforme pero una se encarga de administrar la medicación, otra de barrer, otra de hacer la cama, otra de traerte el desayuno, etc.

Sobre mediodía llegó mi novia triste y necesitando consuelo, que le costaba dormir sola, que estaba preocupada por la operación, bueno, lo típico en la mujeres que encima de que el que esta realmente jodido (Anda que no preferiría dormir solo en casa que no en el hospital) eres tú encima quieren que las consueles.

El problema es que, “ja en tinc prou d'aquest color”, estoy harto de esas cosas y no estaba de humor para consolar a nadie.

-Mira lo que me han dicho “Tienes que ir al quirófano con una actitud positiva” y tú no me ayudas nada

Pero a pesar de eso tuve que escuchar todas sus inquietudes y problemas que os podéis imaginar lo nimios que me parecían a mi en ese momento.

La siguiente noche también me la pasé en vela, alternando un libro que estaba deseando acabar no porque me gustara sino todo lo contrario, y es que, casi nunca dejo un libro a medias por mucho que me aburrida lo sigo devorando esperando una sorpresa agradable en el desenlace. Pero cuando lo acabé por fin, me sentí liberado, nada que ver con la sensación que te deja un libro con el que has disfrutado.

Además mi hija me dejó su portátil a pesar de que te recomiendan que no tengas nada de valor en la habitación, sopesamos el riesgo de que lo robaran y decidí que podía tener cuidado, no se porqué puerta y armario carecen de cerramientos con los que proteger un poco tu intimidad, no creo que costara mucho ponerle un cerrojo que las enfermeras abrieran con una llave rápidamente y que te proporcionara intimidad o una simple cerradura en el armario evitaría que cualquiera pueda entrar en la habitación y robar a placer, pero claro, les resulta más barato poner un letrero y decir que no se hacen responsables.

Pero el portátil me permite además de pasear un poco por Internet escribir, ya, diréis que con una libreta y un boli me puedo apañar, pero eso se ha quedado muy anticuado y reconozco que no me veo escribiendo sin corrector y sobretodo, sin la posibilidad de borrar, incluir o modificar frases que te permite la informática y es que, soy un indeciso que cada lectura cambia una coma, una conjunción, el orden de dos frases, etc.

sábado, 25 de junio de 2011

Diario de un enfermo VI


Por la tarde entró un chico pelirrojo de pelo ligeramente largo, gafas de pasta y un acento de la Europa de este, dijo ser búlgaro, entró para hablar conmigo.

-Buenas, soy el neurocirujano, aunque yo no te voy a operar por que el lunes empiezo las vacaciones
-¡Que suerte!
-Voy a encargarme de tu caso hasta el lunes que venga el doctor que se encargará de operarte
-Pos vaya
-La operación es sencilla y muy elegante, abrimos por delante (Te quedará una cicatriz eso sí en el cuello) para acercarnos lo mínimo a la médula, entramos con un micro-robot vaciamos el disco e introducimos un cojín sintético con el que perderás algo de movilidad pero no mucha, el cartílago esta tocando a la médula pero no tienes una ligera inflamación que desaparecerá en unos días
-¿Cuando me operareis?
-La operación te la haremos el Martes porque es el día que tenemos el quirófano los neurocirujanos, a primera hora haremos una operación bastante complicada que ya teníamos programada y después, sobre las doce o la una entrarás tú
-Guay, es un consuelo saber que la operación complicada es la de otro (pobre)
-La operación tiene el riego que pasamos apartando los nervios de la boca y se pueden ver afectados el habla, tragar y demás funciones bucales por lo que puedes tener molestias durante unos días, incluso en casos extremos unas semanas
-Si esto me lo dices para que salga corriendo, que sepas que voy con muletas y no puedo
-No hombre, eso sólo pasa en un 5% de los casos pero yo tengo la obligación de informarte de los riegos antes de operarte porque tienes que firmar para autorizar dicha operación y tenemos que informarte antes de los riesgos que corres

“Será vuestra obligación pero deprimís más que el escaparate de una ortopedia, seguro que esta ley la ha puesto el Zapatero para que la gente salga corriendo y reducir así las listas de espera”

-Hay gente que prefiere no operarse y seguir con un tratamiento de corticoides
-Ya pero yo no tengo opción
-No porque a ti te está presionando la médula y si no lo quitamos podría llegar a dañarla y eso si que sería peligroso, la médula no se regenera


-Una vez hecha la operación en un día o dos podrás irte a casa y deberás hacer un mes de reposo mientras en el cojín sintético que ponemos se queda ligado entre los huesos.

“Bueno, para bien o para mal, ya tenía todas las respuestas”

El resto de día fue recibir visitas visitar y leer.

Por la noche no pude dormir (otra vez) toda la noche estuve alternando lectura ligera, con el libro, con ratos dando vueltas en la cama, incluso un rato me acerqué a la ventana aprovechando que se veía el exterior ya que el box únicamente tenia una ventana tapada por donde se oía pasar al personal del hospital y donde nunca era de noche porque era un pasillo interior del mismo hospital, desde allí primero observé el paisaje para orientarme y luego observé durante un rato los coches que pasaban por la autovía, fuera de aquella habitación la vida seguía aunque para mi, el mundo lleva días parado.

viernes, 24 de junio de 2011

Diario de un enfermo V


Viernes

A pesar de haber dormido muy poco estaba despierto cuando vino un celador a buscarme para ir a hacerme una resonancia, a mi no me comentó nada pero luego le oí quejarse que había estado dando vueltas buscándome, por desgracia esto empezaba a ser una costumbre.

Para hacerme la resonancia me tuve que quitar todo lo metálico (pulsera, collar y el pendiente) y me preguntaron si llevaba algún clavo quirúrgico, bala, balin, restos de metralla, etc. Después me introdujeron en un tubo en el que no te puedes mover y empezaron a ponerme música de after, después de un rato que se me hizo eterno me sacaron y devolvieron al box.

Minutos más tarde llegó la neuróloga para informarme que tenia una hernia discal que oprimía la médula, que había que operar pero que ella no se encargaba de eso, se encargaba el neurocirujano, ella ya había cumplido: Me había dicho que me pasaba.

Pasé el día sin más incidencia ni más pruebas (me faltaba una radiografía) ni más vecinos de box, leyendo mi libro y hablando con mis padres que vinieron a verme.

Cuando ya estaba mentalizado a vivir en el box, vino una enfermera y me dijo:

-Ya te tenemos tu cama libre, prepara las cosas que llamo a un celador que te lleve en la camilla
-En camilla, jo ¡que lujos! – Acostumbrado a tener que ir andando con mi cojera

Subir era todo un lujo, una cama, motorizada además un sillón, cobertura en el móvil, hasta un armario sin llave, incluso tenia un lavabo para mi solo ya que, por increíble que parezca la habitación tenia las dos camas vacías, ???? aunque no quise hacer preguntas sobre el tema.

Otra cosa que gané al subir a planta fue medicación, me administraron corticoides para reducir el dolor y la parálisis (¡Que bien!). Ya lo único que me faltaba era poder hablar con el neurocirujano para saber cuando me operarían, cuantos días dura el post-operatorio, cuantos de baja, riesgos de la operación, en fin, todas esas dudas que se me agolpaban en mi cabeza.

jueves, 23 de junio de 2011

Diario de un enfermo IV


Allí me dispuse a pasar el tiempo mientras quedaba una cama libre o me llevaban a hacerme pruebas. No soy un cotilla, intentaba centrarme en la lectura de mi libro pero sentía las conversaciones de los box colindantes tan cerca que a veces me daban ganas de entrar en la conversación, a mi derecha una anciana bastante senil a la que iban a operar mañana sermoneaba a su hijo con un discurso sin píes ni cabeza que él aguantaba estoicamente (santa paciencia) o las enfermeras con mucha más paciencia que éxito intentaban que contestase a las preguntas pre-operatorias, al otro lado una jovencita a la que intentaban administrar un calmante pero lo vomitaba.

En las horas que pasas en esa situación se produce un vinculo extraño, compartes un trozo de sus vidas y de sus penas pero es imposible ponerles rostro.
Llegada la noche intenté inútilmente conciliar el sueño, hice cuentas y llevaba más de 10 horas tumbado en aquella camilla, había agotado ya el tiempo en todas las posiciones posibles, decidí sentarme sobre ella y cruzar las piernas como en posición de loto.

Así estaba cuando cruzó la enfermera yendo de un box a otro y se asustó como si hubiera visto un fantasma.

-¿No puedes dormir?
-No
-¿Quieres un calmante o algo?
-No, no te preocupes es sólo falta de sueño

Más tarde cogí las muletas y fui a dar un paseo para descubrir que sólo yo quedaba en aquel ala de urgencias, los demás habían tenido más suerte que yo y los habían trasladado ya a planta.